Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 437 han creído ver en los procedimientos de San Martín, atribuyéndole el plan de monarquizar al Perú. Ya hablaremos de este tópico en otro capítulo; y llegaremos a la conclusión de que, efectivamente, descora– zonado por el desorden y la anarquía reinantes a la sazón en su propia patria y en otras regiones del continente, creyó que para el Perú podría la monarquía ser la mejor forma de gobierno, y a implantarlo dirigió muchos de s~s pasos; pero hay gran dis– tancia entre esto y el constituir esa idea y ese deseo en resorte su– premo y exclusivo de sus actos, que habría convertido al Lióertador del Perú y Chile tn agente y heraldo del absolutismo, en defensor ael derecho divino de los reyes, en contradictor cínico y despre– ciable de todas su~ palabras y acciones; que echaría por tierra su gloria; y quitaría todo mérito a sus esfuerzos, desvelos y sacrifi– cios. Pero es positivo que, en la comunicación transcrita, salta a la vista, oficialmente, ya no en proporciones problemáticas de arreglo; ya no, por boca o mano de Monteagudo, en meras publi– caciones periódicas; sino expresado paladinamente por él mismo, su concepto de que conviene "poner a los pueblos" sólo "en el ejercicio moderado de sus derechos"; concepto considerado por él "esencial obj~to de la expedición libertadora"; afirmaciones que, por no envolver un objetivo honrado, ni una determinación invencible, ni siquiera una condición seria, deben tomarse como una prueba más de que la conciencia del héroe sublevábase contra su ye– rro; y su pensamiento, para sincerar éste, aferrábase a la ímproba labor de conseguir y alegar pretextos, que, en vez de redimir, reagra– van lastimosamente su culpa. XXI "O'Higgins crmtestó al Protector (6 de setiembre) en los tér– minos que siguen: "Cuando este gobierno confió a V. E. las fuer– zas que debían libertar al Perú y asegurar la independencia de Chi– le, no dudó un solo momento que V. E. arrostraría toda clase de sacrificios, para dejar airosa la esperanza de la Patria. Los próspe– ros sucesos de la campaña, y la ocupación de Lima, han justifica– do este concepto dando al nombre de V. E. nuevos títulos a la gloria y a la inmortalidad". "Como uno de esos sacrificios personales, y sin duda el más penoso, ha mirado este gobierno la medida que V. E. tan sabia– mente ha adoptado, de reasumir en sí mismo el mando político y <litado, y nada se emitió para realizar lo que era irrealizable. Frustrados los planes en los tratados de Punchauca, era necesario, no cambiarlos, sino modi– ficarlos; y por esto asumió el mando y se llamó Protector". Ob. cit., pág. 89.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx