Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

436 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ y ante el género humano, ha podido inducirme a violentar mis pro– pios principios; porque habría preferido un retiro a la contracción de nuevos deberes, pero ni V. E. debe ser burlado en sus deseos por la independencia de este país, ni yo puedo abandonar a la in– certidumbre a millares de americanos, que se han comprometido a ayudarnos a libertar su patria y que han hecho ya todo género de sacrificios". · "Entre tanto, las tropas de ese Estado siguen con entusiasmo la marcha de la gloria y auxilian mis afanes por la emancpiación del Perú; y, si el Autor de las victorias y la fortuna protege mis de– signios, mi mayor gloria será restituirlas a su patria cubiertas de laureles y de las bendiciones de estos pueblos. La razón y la. justi– cia y la. conveniencia recíproca reclaman también mi cooperación inmediata a la consolidación de la independencia y seguridad de Chile. V. E. cuente con una nueva columna para sus benéficos planes; y desde ahora prote5to a V. E. que, al bajar de la silla del gobierno del Perú, no exigiré de los pueblos otra recompensa a mis servicios, que su fraternidad y unión sincera con la nación chilena, y una constante resolución de auxiliar a los demás pueblos libres de la América, para que prevalezca en ellos la libertad y el orden". XX Deja ver claramente esta comunicación la resolución tomada por San Martín de no convocar colegios electorales, ni reunir asambleas., ni, en una palabra, llamar al pueblo· al inmediato ejercicio del de– recho más sacro entre cuantos envuelve la soberanía, cual es el de .sufragio; todo, para ''no abrir campo al combate de las opiniones Y al choque de los· partidos", y a fin de "no sembrar la discordia". Asume el mando ''violentando sus propios principios", · para evitar que los hijos de la nueva patria "se consagren a bellas teorías". Pasa luego la mano al destinatario: anhela, le dice, prestar su cooperación "para consolidar la independencia y la seguridad de Chile", y ·se ofre– ce como "una pueva columna para los planes" de su amigo O'Hig– gin,s1. ya entonces amagado por los fermentos de la invencible conmo– ción que haqía de lanzarlo del poder. Hemos visto y demostrado que ninguno de estos propósitos es aceptable fundamento ni satisfactoria explicación de su conducta. Y estudiosamente hemos hasta ahora prescindido de hacer alusión al móvil que algunos escritores, como Cochrane y Mariátegui (22), (22) "La monarquía fue el pensamiento de San Martín, trabajó por ella, y ese pensamiento y esos 'trabajos lo perdieron. Todo fue estudiado, todo me-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx