Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
434 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Decir que se viene a independizar a un pueblo; traer elementos bastantes para intentarlo; encontrar en ese pueblo cuanto era menes– ter para conseguirlo; hallar en su seno fraterna acogida, volun~ad abierta, loco entusiasmo, cooperación resuelta; ver que el enemigo cede el espacio, se abstiene, tarda y vacila; y, así, en esas condicio– nes , detenerse, estancarse, adormecerse, olvidar su misión primaria, despreciar la verdadera gloria, eso es ya bastante odioso y condena– ble. Pero que, tomando a pretexto esa libertad que se busca, se declara, se reconoce y se predica; en el preciso momento de procla– marla, de pregonar que se viene a conquistarla y que se morirá por defenderla; negar al pueblo proclamado, reconocido y pregonado co– mo libre, el derecho de constituirse; e imponerse a él, sin llamamien– to suyo, sobre su deseo, contra su voluntad, disponiendo a capricho de su soberanía y de su suerte. . . eso no puede perdonarlo la his– toria! Dictadura militar, exclusivamente militar, la que erigió San Mar– tín. Suyo el funesto ejemplo. Suya la responsabilidad. Por ese incon– sulto paso, a título de libertadores, sobre la endeble base de los servicios prestados, tras el biombo hipócrita de una indiscutible op– bón a la gratitud nacional, a boca llena y presuntuosamente exigida; tuvimos tanto tiempo entronizados a los corifeos y fautores del más desatado militarismo. Al derecho divino del rey unipersonal sustitu– yóse el der echo histórico, primero, tradicional después, multiperso– nal en fin , de char reteras y presillas. Y el desventurado Perú, duran– te t r es cuartos de .siglo, pudo ver su figura doliente fotografiada en este gráfico pensamiento de Castelar: "Las sociedades mandadas por militares se me parecen a aquel Beltrán de Bornio, que, en lo pro– fundo de los infiernos, llevaba la cabeza en la mano, en vez de lle– varla sobr e los hombros" (21) . XIX Antes de hacer al Director chileno O'Higgins la verdadera expli– cación Y manifestarle la única causa que lo det erminó a la asunción del poder, cosa que, según vimos, hizo en carta del 10 de agosto, San Martín creyó oportuno participa rle el hecho oficialmente; y por su– puesto que, en el oficio destinado a tal fin, y que lleva fecha del 6 de agosto , campea exclusivamente la razón ostensible del acto, o sea la necesidad de evitar conmociones que nadie esperaba, y de enfrenar , .(21 ) Ya ve~os los aspavientos y oímos las exclamaciones de quienes, por h°:b1to o cob ardia, por moda o irreflexión, por necedad o mentido agradeci– miento, han dado en la flor de ensalzar t odos los actos todos de San Martín. Nosotros cumplimos dolorosamente el que juzgamos nu~stro deber: la historia no habla por gratitud, sino por justicia .
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