Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 429 leza; Torre Tagle, un mero figurón, desacreditado por sus disipa– siones; Gamarra, una nulidad; y Riva Agüero, un espíritu inquieto y taimado, que, sin la virtud, ni el poder, ni la ecuanimidad de O'Hig~ gins en Chile, se presentaba más como una complicación que como una solución"; que "un llamamiento al pueblo habría dado por resul– tado el nombramiento del mismo San Martín; y, si no era él el que mandase, ninguno podía mandar, a menos de contrariar o neutra– lizar su acción eficiente": y que "los mismos peruanos le brindaban a porfía el poder" ( 17); todo esto, al contemplar la ineficacia de la dictadura protectora!, con la inolvidable muletilla de que Lima tenía que ser, como fue, "la Capua de los libertadores". XIV Ya-antes de ahora-hemos dicho lo bastante (18) para rebatir ~stas gratuitas ofensas al Pení y a sus hombres, inferidas por quien, ciegamente aficionado a Chile, invoca al denigrarnos las supuestas excelencias de este último país, como para ahondar la herida y hacer más pungente y envenenado el odio. Curioso, por no decir necio, es explicar y paliar las faltas de un individuo, atribuyéndolas a un efecto repentino, necesario e indomi– nable, del cambio de medio; fatalismo absurdo que hace del hombre un instrumento del clima, que lo torna en entidad tristemente ve– getativa, lo declara incapaz de seguir la senda que le abren sus cali– dades innatas o sus potencias adquiridas; y sólo lo concibe apto para soportar inánime una sumisión estúpida, absoluta a las influencias exteriores. Si San Martín dejó de ser lo que fue, por sólo haber venido al Perú ¿qué cosa era en tal caso San Martín? ¿Qué es entonces del genio, de la energía, de la grandeza, de la gloria de aquel personaje? Si el animal inferior no hace nada, y sólo el racional hace algo; si tal facultaa de hacer extra o supra natura, es la línea de distinción que nos supedita a los entes inferiores; si "el mundo. organico es pasivo, sobre la acción del medio y circunscribe su evolución a adap– tarse a él", mientras que el mundo humano es "activo, moldea la naturaleza y la adapta a su uso"; si por eso la acción humana es ''fi– nalista o télica, obra condicionada, en que, a la vez que concurren fuerzas espontáneas, predominan los movimientos intelectuales refle– xivos"; si así brota la evidente fórmula sociológica de que "el medio transforma al animal, mientras que el hombre transforma al medio"; (17) Ob . y tomo cits., págs. 185 a 187. (18) Págs. 377 a 382 de este tomo.
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