Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

428 GBRMAN LEGUIA Y MARTINEZ esta abusiva asunción del poder. No invocaremos a Cochrane ni a "Pruvonena", cuyo, odio al corifeo platense es conocido; pero Mesa y Leompart le tilda de ambición política, le titula dictador y atribuye a aquella ambición su pasividad en las operaciones contra los rea– listas ( 13); Mariátegui califica la reacción del Protectorado como "paso falso de que nacieron todos los errores y desaciertos del Pro– tector"; moteja a éste de "desobediencia, como subordinado y depen– diente del gobierno que lo eligió y comisionó"; condena el "quebran– tamiento de las instrucciones que se le dieron"; y afirma que tal conducta lo hizo "perder en la opinión pública" ( 14); Fregueiro habla de la "visible decadencia moral" que acusan éste y sus otros actos; de la "pérdida de su energía"; y observa cómo, "debilitado aquel ce– rebro lleno de fortaleza y caído en una languidez que no conoció ja– más, se dejó dominar por los amigos" (15); y, para no multiplicar las citas, nos referimos a sólo Mitre, su compatriota, su biógrafo, su defensor, y panegirista para quien, "San Martín abdicó su gran papel de libertador en el hecho de naoionalizarse como gobernante peruano, sin satisfacer por eso las aspiraciones del pueblo libertado, que antes contrariaba con sus tendencias monárquicas; y se presen– tó, ante el Perú como una imposición de fuerzas extrañas; ante és– tas, como un general aventurero; y ante la Argentina y Chile, como un desertor, como un súbdito emancipado" ( 16); si bien, en su pru– rito de denigrar al pueblo peruano, como medio de sacar incólume la responsabilidad de San Martín, pasa en el acto a aseverar que, "si en éste hubo ambición, ella fue legítima"; que "la prudencia y el éxito de la lucha empeñada imponían la dictadura"; que, ''cuando no la previsión y la aspiración a la gloria, el instinto aconsejaba la línea de conducta que aquel general se trazó"; que, si bien ''la decla– ración de la independencia exigía un gobierno propio, que, a la vez .de ser nacional, se subordinase a las exigencias de la guerra, fuese una fuerza eficiente, y no un estorbo ni un peligro, era difícil, por no decir imposible, conciliar estas dos exigencias supremas"; que "el Perú no tenía personalidad política y sí apenas una sombra de admi– nistración"; que "el Perú no era Chile, ni sus condiciones eran las ,mismas"; que "carecía de elementos de gobierno propio, y no estaba •en condiciones de fundarlo, ni aun provisionalmente, todavía"; que no poseía un solo hombre, ni como acción, ni como pensamiento, que tuviese prestigio y autoridad moral ante sus compatriotas"; que "Unanue no era más que un sabio, de carácter indeciso y sin forta- (13) Historia de América, tomo 11, pág . 251. (14) Ob. cit., págs. 79 y 81. (15) Ob . cit., pág. 291. (16) Id~ id., págs. 185, 190, 199, 201 y 202 del tomo III.

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