Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 425 ministra contra los fueros del que la alcanza. La licencia y la anar– quía que se quería prevenir, fueron por aquel engranaje oculto que leyes supremas establecen entre todas las cosas, consecuencia, si no inmediata y ostensible, necesaria siempre de la usurpación, por que, socavando ésta el prestigio y la autoridad del usurpador, lo im– posibilitó de consumar su obra; lo expelió a destiempo del teatro de su destino; y nos obsequió una era de desorden, de vergüenza y de desastres, que no habrían tenido razón de existir, si los hechos se hubieran desenvuelto de otro modo. X El descontento que en el pueblo de Lima, sobre todo en los círculos influyentes e ilustrados, produjo la elevación política del Protector intruso, fue evidente, profundo y general (9). Por todas partes, en los corrillos públicos y en las conversaciones familiares, en la calle y en las casas, repetíanse, más o menos, estas frases: "¿Se quiere disponer de nosotros como a nuestros tutores plazca? ¿La libertad prometida y proclamada no es ni será don nuestro sino obsequio adaptable a los caprichos o planes preconcebidos de nues– tros auxiliares? El disgusto popular acreció con la inserción, en la Gaceta oficial de] 4 de agosto, de un artículo de Monteagudo, an– tes públicado en el campamento por el número undécimo de El Pa– cificador del Perú. Allí se decía: "El vencimiento de los españoles ha entrado ya en la clase de los esfuerzos subalternos que exige la (9) "Cuando San Martín se creó Protector, asumió este título sin ningún agregado; pero fue tal y tan grande el descontento, tan serias y claras fueron las apreciaciones que el público hizo, se quejaron tánto de los libertadores, que se arrogaban derechos que correspondían a la nación, que, para dar es– peranzas y engañar con palabras, todos los primeros decretos que expidió San Martín llevaron el encabezamiento de El Protector de la Libertad del Perú 1 como puede verse en las Gacetas de ese tiempo; lo que se p.racticó hasta que los consejeros creyeron que las primeras impresiones habían desaparecido, y que ya no había la exaltación, que atribuyeron a sugestiones de pocos. Volvie– ron después a suprimir la palabra Libertad, habiendo antes usado la superche– ría de no poner encabezamiento a los decretos. Búsquense las Gacetas de ese tiempo, léanse, y se conocerá la exactitud de mi aserto".- Ob. cit., págs. 89 y 90.-Hemos consultado los periódicos a que en el párrafo transcrito se remite Mariátegui, y encontrado, a la vista de ellos, que la observación es evi– dente. El descontento de que hablamos en el texto está corroborado por la pluma misma de Monteagudo, cuando, al reseñar en la Gaceta (número 27, del 10 de octubre) la fiesta de la jura del Estatuto, habla de que "este código quitaría a la mordacidad todo motivo de racional censura": luego esa censura existía y el remedo de constitución que se dictaba tenía por objeto aplacarla, si no extinguirla.
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