Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 419 que ya hablamos otras veces, esto es, Monteagudo, García del Río y otros extranjeros, con la complicidad de algunos nobles peruanos, en quienes se había infundido la seguridad de que la forma de gobierno escogido para el Perú habría de ser la monarquía, bajo el cetro de un príncipe español; combinación que salvaría del naufragio sus tí– tulos, posición y privilegios. Y el vencedor de San Lorenzo, Chacabuco y Maipú; ese que en Chile se había tildado a sí mismo de extranjero, y había por eso rechazado el ejercicio del poder; ese que afirmaba ser misión única suya la de vigorizar y continuar la guerra, como medio de arribar a la total y anhelada emancipación del continente: ese da oídos a las egoístas insinuaciones de un pequeño grupo, ambicioso, tiránico y absorbente, y decide motu proprio de los sagrados destinos del pro– pio pueblo que había venido a libertar, con prescindencia de su voluntad, con ofensa de su soberanía, con eliminación clamorosa de aquella misma libertad que decía traerle, sustentar y defender con sus armas y su sangre, su sacrificio y sus esfuerzos! Se comprende -aunque no haya querido, o no se hubiese atrevido a expresarlo ninguno de los historiadores de la época- el disgusto, la sorpresa, el desencanto, gélidos y profundos, que en las clases todas, y especialmente en los núcleos dirigentes, produjo esta asunción inesperada y arbitraria del poder público; esta ruptura de todos los compromisos y promesas, expresos o tácitos, pero evi– dentes, contraídos con el Perú; este insolente olvido de sus derechos de nación; este desprecio audaz de su personalidad, por los mismos que acababan de proclamarla independiente y libre, cualesquiera que pudieran haber sido los motivos o pretextos de usurpación tan odiosa como deprimente. VI Esos pretextos aparecen cuidadosamente relacionados con el de– creto respectivo, expedido a 3 de agosto de 1821. Dice así: "Al encargarme de la importante empresa de la libertad de este país, no tuve otro móvil que mis deseos de adelantar la sa– grada causa de la América y el promover la felicidad del pueblo peruano. Una parte muy considerable de aquéllos se ha realizado ya; pero la obra quedaría incompleta, y mi corazón poco . satis– fecho, si yo no afianzase para siempre la seguridad y la prosperi– dad futura de los habitantes de esta región". "Desde mi llegada a Pisco anuncié que, por el imperio de las circunstancias, me hallaba revestido de' la suprema autoridad, y que era responsable a la Pt tria del ejercicio de ella. No han va..
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