Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
418 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ suelto discernirle. Según Stevenson, a quien Mitre reproduce, po– niendo en los labios de su héroe "sonrisa enigmática, pero benévo– la" (5), éste contestó a los cabildantes diputados lo que sigue: "Ten– go ya el poder por el imperio de la necesidad, y lo conservaré, si fue– re conveniente, evitando la intempestiva convocatoria de juntas y congresos, que embaracen los negocios públicos con vanas discusio– nes, y retarden la independencia, que es antes que todo" (6). Lo cual, en más vulgares términos, quiere decir: "No necesito lo que se me ofrece, porque ya lo tengo de propia voluntad. Es ocioso que otros me traigan y concedan lo que me he arrogado a mí mismo. Respuesta desvergonzada, insolente, absurda, monstruosa, cuya sola enuncia– ción sería un veredicto; y que, en vez de explicar y sincerar la falta, serviría para reagravarla e intensificar su condenación. V El mismo San Martín se ha encargado de revelar a la posteridad la causa única y cierta de su extraña y contradictoria conducta. Hí– zolo en carta que el 10 de agosto escribió al Director Supremo de Chile, don b'emardo O'Higgins: "Los amigos, le dice, me han obli– gado terminantemente a encargarme de este gobierno. He tenido que hacer el sacrificio, pues conozco que, al no hacerlo así, el país se en– volvía en la anarquía. Espero que mi permanencia no pasará de un año; pues Ud., que conoce mis sentimientos, sabe que no son mis deseos otros que el de vivir tranquilo y retirarme a mi casa a des– cansar" (7). Estos amigos de que habla la precedente carta, y que, según ella, presionaron el ánimo del caudillo hasta vencer su repugnancia del mando, y hacerle desoir las protestas íntimas de su conciencia, aho– gar su modestia genial, olvidar su pasado y lastimosamente contra– decirlo; esos amigos eran los miembros de la Logia de Lautaro, de (5) Cochrane, que a su vez trae esta respuesta, y en consecuencia acoge la versi~n relativa a la oferta del Cabildo, da, en su inquina contra el Protec– to~, a dicha respuesta, esta forma ruda, presuntuosa y despectiva: "El ofreci– miento es superfluo, pues yo he asumido el mando. Lo conservaré todo el tiempo que me parezca; y, entre tanto, no permitiré reuniones para discutir 3:suntos p~blicos''. Y c~menta a renglón seguido: "He aquí el primer acto de libertad e mdependenc1a que disfrutaba el pueblo, un día después de procla– marlas tan pomposamente". Justificada ironía! Según esta última frase de Co– chrane, la diputación edilicia se presentaría a San Martín el 29 de julio.- V. Memorias, pág. 146. (6) Ob. cit., tomo 111, pág. 348. (7) Fregueiro, Don Bernardo Monteagudo, pág. 275.- Vicuña Mackenna, El general San Martín, pág. 39.
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