Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 417 la súbita ambición de tomar, sin la venia de nadie, el ejercicio del po– der? ¿Cómo así pisotear su máxima favorita: serás lo que debes ser, y, si no, no serás nada? ¿Cómo dejar de ser lo que siempre debió, Libertador del Perú? ¿Cómo, así descuidar esa misión gloriosa y su– prema, para descender a la vulgar condición de un gobernante de pacotilla, inactivo y espectante? IV Se ha dicho que "todos los jefes del ejército le exigieron, desde Pisco, que se pusiera a la cabeza de la administración, tan luego como entrara a la capital, pues era el único modo de dar vigor y apoyo moral a las operaciones militares" (3); pero, además de que no exis– te documento alguno en que se vea constar semejante propuesta, que, como Mariátegui explica ( 4), no tuvo ocasión de realizarse, ella no obligaba, ni podía obligar, la voluntad de un general en jefe, que no tenía por qué doblegarse a las insinuaciones de sus subalternos, y que traía instrucciones perfectamente definidas; ni tales subalter– nos tenían derecho para formularla, en junta o consejo militar, sobre asuntos extraños a la guerra. En todo caso, y suponiéndola cierta -que no lo es- ella significaría la intromisión, en negocios ajenos, del voto de militares extranjeros, tan desnudos, como su jefe, de facultades para hacerlo; y habría consagrado una suplantación más de la soberanía, por imposición y con la complicidad palmaria de la fuerza. También se ha asegurado que el poder fue ofrecido al general libertador, en nombre de la capital peruana, por una diputación de su cabildo; pero, aparte de que esa corporación carecía a su vez de facultad para arrogarse una representación que nadie en la materia le había conferido, quienes tal circunstancia invocan y refieren, acentúan la falta del Protector, al enunciar la respuesta que suponen dada por éste a los oferentes de una autoridad que nadie había re- (3) Paz Soldán, ob. cit., tomo I, pág. 198. (4) "No es cierto que los jefes del ejército ofreciesen a San Martín que asumiese el mando político, en Pisco, en que estuvieron sólo días, unos a bordo y otros en tierra, ni es Pisco el pueblo en que podía tener lugar la reu– nión de los jefes para el acuerdo y ofrecimiento. Si uno que otro jefe, de los pocos abyectos que vinieron, le hubiese en conversaciones privadas indicado la medida, no puede por esto atribuirse a todos los jefes del ejército".-F.J. Ma– riátegui, Anotaciones a la Historia del Perú Independiente de Paz Soldán, pág. 79.- "He hablado con casi todos los jefes, pues a casi todos he conocido y tenido amistad con muchos, y jamás les oí que pensasen en que San Martín mandase. Y los acontecimientos posteriores me hacen creer lo que sostengo".– Id. id., pág. 80.
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