Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

406 GERM N LEGUIA Y MARTI EZ de su libertad, que confirmó el pueblo por voz común en medio del júbilo: -Por tanto, ciudadanos, como mi corazón nada apetece más que vuestra gloria, a la cual consagro mis afanes, he determinado que el Sábado inmediato, veintiocho, se proclame vuestra feliz In– dependencia y el primer paso que dais a la Libertad de los Pueblos Soberanos, en todos los lugares públicos en que, en otro tiempo, se os anunciaba la continuación de vuestras tristes y pesadas cade– nas. Y, para que se haga con la solemnidad correspondiente, espero que este noble vecindario autorice el augusto acto de la Jura, concu– rriendo a él; que adorne e ilumine sus casas en las noches del vier– nes, sábado y domingo; para que, con las demostraciones de júbilo, se den al mundo los más fuertes testimonios del interés con que la ilustre capital del Perú celebra el día primero de su independencia y el de su incorporación a la gran familia americana". Un aviso oficial de la Gaceta había ya prometido, en su edición del lunes 23, la impresión del precedente bando para el número del miércoles 25; y anunciado que San Martín tenía, para la interesante y memorable ceremonia, designado el Sábado veintiocho de julio. "Apresuraos -acababa ese aviso- apresuraos, heroicos compatrio– tas, a manifestar vuestro júbilo con demostraciones tan extraordina– rias como la alta dignidad de ciudadanos libres que gozáis; de manera que la memoria de la generosa esplendidez con que celebréis este acto, le inmortalice, junto con vuestra ventura, en la sucesión perpe– tua de los siglos 11 • Simultáneamente oficióse (el 25) a todas las corporaciones pú– blicas y comunidades religiosas, indicándoles que "el domingo 29, después de la misa de gracias que había de celebrarse en la cate– dral, debían presentarse a prestar el juramento debido a favor de la independencia" (17). XXII La población entera respondió a las precedentes excitaciones, con entusiasmo y alegría sólo correspondientes en intensidad a la consternación y el abatimiento imperantes en las horas últimas de la ocupación española. Porque es el pueblo de Lima reproducción, re– trato o gemelo de aquel otro que, en el ágora de Atenas, comparece, tumultuoso y alegre, a los cambiamientos y claridades de la historia. Preséntanosle ésta "pasando, con la rapidez del relámpago, del furor a la piedad, del desaliento a la insolencia, de la injusticia al arrepen– timiento; embriagándose con los elogios que recibe; aplaudiendo las (17) Gaceta del Gobierno, número 5, del 25 de julio.

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