Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

404 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ calcularse el terrible contratiempo que tal suceso significó para és– te. Ansioso de repararlo a la brevedad posible, interesando en el remedio la iniciativa y el lucro particulares, ofició en el acto al Ca– bildo desde el cuartel general de La Legua (15 de julio): "Informado, dijo, de la escasez de harinas que hay en la capital, y del excesivo precio a que se vende el pan, he resuelto permitir que por los Chorri– llos se desembarquen dos mil fanegas de trigo, libres de todo dere– cho". Comisiona después al Cabildo para ajustar la respectiva con– trata con el postor que mayores ventajas ofreciere, tanto en el precio como en la calidad; y para distribuir el artículo "de modo, dice, que el pueblo logre el alivio que yo apetezco, sin dar lugar a que nin– guno tenga la menor utilidad en su perjuicio" (13). XX Lima, entre tanto, no había llegado a conocer a lord Cochrane, el héroe de Valdivia y de la Esmeralda, personalidad gloriosamente fantástica, en que el soberano arrojo y la audacia ciega sobreponen el fuego y los resplandores de la leyenda a la serena veracidad de la historia. Volaba su nombre de boca en boca, en alas de parlera fama; y la curiosidad popular, excitada por hazañas y relatos maravillo– sos, ansiaba la hora de ver la capital peruana honrada con la pre– sencia del invicto Almirante. El 17 de julio, para interpretación del anhelo general, y como excepcional honor, fue aquél invitado en for– ma a desembarcar, por oficio del Ayuntamiento, que, según lE- expre– saba, se disponía a aguardarlo en la tarde de aquel mismo día. El pueblo acudió en masa a la portada de Juan Simón, por donde su– ponía que entrase el héroe, desembarcado en Chorrillos; y acudie– ron al mismo lugar todos los prohombres de la ciudad y sus fami– lias en lujosas calesas; así como multitud de diputaciones de los cuerpos e instituciones oficiales. Viendo Cochrane que los preparativos hechos parecían "dar a es– ta visita el carácter de una entrada pública, rehusó ingresar de modo tan ostentoso, atendiendo -son sus propias palabras- a que el general San Martín había entrado de noche y en secreto". Penetró, pues, por la portada de Guadalupe, que, aunque próxima, hallábase desprovista de concurso y se dirigió presurosamente a Palacio. San Martín, que esperaba todo esto, que ya se manifestaba dis– gustado con el Almirante y que no ocultaba el desabrimiento que le producían sus caprichos, extralimitaciones y violencias, olvidó en esta ocasión sus pujos diplomáticos y, con extrañeza general, que dio (13) Gaceta, N? 2, del 18 de julio.

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