Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PROCLAMACION DE LA INDEPENDENCIA 403 Había, un mes antes (junio), ocurrido que Cochrane, maniata– do en su actividad por el armisticio, regresara del sur (Arica) y se presentara de súbito en el puerto de Mollendo a bordo del San Mar– tín, en momentos en que a exigencias de las autoridades españolas de la capital bloqueada, aprestaban las de Arequipa el embarco de abundantes víveres en un buque que pasaba con destino al Callao. Con ello esperábase aliviar las urgencias del ejército y el hambre reinante en la población. Cochrane apresuróse a representar al go– bernador de Arequipa la necesidad en que se vería de impedir la operación, porque, aunque las hostilidades halláranse en suspenso, ningún pacto existía que restableciese el libre tráfico, y menos para el objeto que se buscaba, que era el de desvirtuar los efectos calcu– lados del sitio terrestre y del bloqueo marítimo. A pesar de esta re– presentación, el gobernador conminado dio orden de que continua– sen el embarco y la consiguiente conducción; visto lo cual, Cochra– ne, con la energía y resolución en él habituales, desembarcó gente en el puerto, ocupó simultáneeamente el buque, decomisó manu mili– tari todo el trigo existente a bordo y en tierra, trasladó el comiso a la capitana y se dio a la vela en seguida. Ya veremos cómo este he– cho, sirvió de fundamento al general La Hera para considerar con razón el armisticio roto y ocupar en el acto la ciudad de Moquegua con sus mil soldados realistas. Cochrane, desde principios de julio (el 2), hallábase, pues, en el Callao con todo el botín de guerra y las dos mil fanegas de trigo a bordo; y, deseoso San Martín de que tal artículo sirviese de refrige– rio a la estrechez de recursos que imperaba todavía, dio a Cochra– ne la orden de desembarcarlo totalmente en la próxima rada de Chorrillos, para su inmediata conducción a la ciudad. Observóle el Almirante que las anclas del navío encontrábanse en calamitoso es– tado, y que era, no sólo posible, sino probable un accidente en que corriese grave peligro el buque. San Martín insistió. Obedeció Co– chrane de mala gana; y, por impericia no esperada en tan gran pi– loto -que la suspicacia o la mala fe tildaron de no casual -varó el San Martín y se hundió en la costa chorrillana, con pérdida del pre– cioso cargamento, "a causa, dice el responsable en sus Memorias, éle la fuerte mar de leva que sobrevino" ( 11). Para Mitre, aquel siniestro simbolizó la inauguración de otro naufragio, aún más do– loroso: el del nombre mismo que llevaba el San Martín (12). Puede (11) Págs. 141y142.- "Como el San Martín se hallase sumamente carga– do, hice ver lo dificultoso que era el anclaje y el peligro que se corría, aten– diendo a que la sola ancla que tenía el buque estaba formada de los restos de dos anclas amarradas". (12) Ob. cit., tomo III, pág 173.
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