Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
402 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ XIX La extrema escasez de que Lima había padecido durante el pro– longado bloqueo -lapso en el cual, como hemos visto, resultaron agotadas todas las subsistencias- perduraba, si bien en menor gra– do, en los pocos días posteriores a la cesación de esa hostilidad con la entrada del ejército independiente. Las harinas, sobre todo, eran muy escasas, y el pan expendíase por eso a precio excesivo. el pensamiento de la libertad.- Gloria al ínclito varón, al Libertador generoso del Perú, guerrero esforzado que vino a romper nuestras cadenas! Gloria al intrépido Cochrane, que renunció a los honores en su patria, prefiriendo la prosperidad de estos pueblos! Gloria a los invencibles generales que por ella han trabajado y trabajan con tan heroico patriotismo! Gloria a los bravos de la patria, que por nosotros arrostran denodados, los peligros y la muerte! De quán eterna gratitud se han hecho dignos. Su valor, su ardimiento, sus rápidas victorias se deben al inmortal Jefe cuyo genio benéfico, transmitido hasta en el último de los soldados que militan baxo sus órdenes, ha sido el instrumento que, para libertarnos, destinó esa providencia divina que trastor– na, cuando y como le place, el trono de los reyes, y dispone con admirable sabiduría de la suerte de los pueblos. La presencia del general San Martín embotó las armas del enemigo, obstinado en perpetuar nuestra opresión! Ya huye con sus tropas, cobarde y despechado, dejando a esta ciudad desarma– da, saqueada y expuesta a los estragos con que presumía verla exterminada a consecuencia de la intriga más negra y más feroz. ¡Gracias al Todopoderoso! Tan vergonzosa fuga es cabalmente lo que ha acelerado el momento de la sus– pirada libertad. Lima respira finalmente, sostenida por sus virtudes patrió– ticas, y, nb teniendo ya nada que temer, recibe dentro de estos muros pací– ficos a su Libertador con demostraciones sin exemplo del más sincero y cor– dial júbilo. Y echándose en sus brazos, pudo protestarle solemnemente que la ''independencia del Perú, de la dominación española y de qualquiera otra extrangera" es el voto general de todos sus habitantes; voto radicado en todos los corazones desde muy atrás, que no sufren verle· sujeto a nueva discusión, que están impacientes por confirmar cuanto antes a los pies del Dios Eterno, y que sostendrán a la faz de todo el universo a costa de su sangre. Así lo pronunciaron. Así lo sancionaron en aquel día los ciudadanos de toda clase, estado y condición a presencia del Excmo. Sr. Arzobispo de esta Iglesia, don Bartolomé María de las Heras, entre los vivas y efusiones de alegría con que un pueblo innumerable se agolpaba, aunque sin desorden ni alboroto, alrede– dor de la sala capitular, pugnando por entrar a tener parte en la exclamación gloriosa de su independencia. Unicamente pudieron aquietarse, de pronto, con la esperanza de ratificarla después, continuando en los siguientes días la sus– cripción de la acta, que allí mismo quedó firmada por mucho más de trescien– tos concurrentes.-Heroicos ciudadanos, hasta aquí pacientes y sufridos, des– de hoy benéficos y verdaderamente nobles! Cuando las generaciones futuras bendigan, llenas de pasmo, la memoria de vuestro Libertador, aplaudirán igual– mente vuestros nombres, eternizados en el goce de la suerte venturosa que le preparásteis".
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