Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PROCLAMACION DE LA INDEPENDENCIA 401 y de pluma; especie de propaganda armada, que relegaba a segundo término la acción intensiva de la táctica y la estrategia: esa campaña, decisiva y rápida, a que con tanta razón aspiraba el Ejército. Con tales antecedentes, era, pues, natural que Monteagudo, que como una sombra seguía en todas partes a San Martín, pretendiera, inmediatamente después de la ocupación de Lima, utilizar la gran palanca de la prensa; y así sucedió que, el lunes 16, dejaba redacta– do por sí mismo, y lanzaba a la publicidad, el primer número de la Gaceta del Gobierno de Lima independiente; periódico bisemanal, así nombrado para distinguirlo de su antecesor, la Gaceta del Go– bierno de Lima, editado en dicha capital por las autoridades rea– listas (9). Dicho primer número estaba íntegramente consagrado a perpetuar el recuerdo y propagar los documentos de la declaratoria efectuada el día anterior (15 de julio); documentos que aparecie– ron precedidos de un editorial entusiasta, destinado a ponderar la notoria importancia y trascendencia del acto, y a describir los más salientes pormenores del mismo, en una cuantas pinceladas, rápidas, pero maestras ( 1O). (9) La Gaceta del Gobierno de Lima Independiente salía con toda regula– r1dad, los miércoles y sábados, de la imprenta de Manuel Peña; y en ésta siguió editándose hasta el número 30. Desde el número 31 publicóse ya en la Imprenta del Estado, por haber éste adquirido imprenta propia, que fue, se– gún nuestros datos, la del mismo Peña. La "imprenta Peña", llamada así por el nombre de su administrador, no era propiedad de éste, sino de un Ruiz y estaba en la calle de Bejarano según se dice en un aviso inserto en el Su– plemento. Al número 7 de la Gaceta de 1~ de agosto de 1821, que a la letra dice: "-Pérdida.- El domingo 29 de julio por la mañana se perdió un anillo inglés de brillantes pequeños, figurando una cadena, en el tránsito de la calle de Concha a la catedral. Se suplica a la persona que lo hubiese hallado, que lo entregue a don Manuel Peña, director de la imprenta de Ruiz, calle de Be– jarano, que le premiará el hallazgo". (10) No podemos resistir a la tentación de reproducir el editorial men– cionado, dos de cuyos fragmentos hemos ya incluído en la nota número 3 de este capítulo. Helo aquí: -''Jamás vio Lima -ni, en el estado de su anterior esclavitud era posible que viese- día tan solemne y tan plausible como el de ayer, en que la reunión de sus vecinos en cabildo abierto, y la declaración pública de la voluntad universal, le hizo advertir que entraba por la primera vez en el exercicio de los derechos de un pueblo independiente y libre. Día 15 de julio de 1821! Día memorable que fixa la época de la regeneración del Perú: más bien, diremos, la de su existencia. Bórrense, si puede ser, de la memo– ria de los hombres, los tres siglos que pasó aletargado en las cadenas de un gobierno despótico. Despertó por fin el eco de una voz majestuosa, que, venida desde las extremidades de este continente, le decía: Somos libres: debes tú serlo también. Y desde entonces supo estimar sus derechos y suspiró por recuperarlos; mas no se reanimaron sus esperanzas, sino para sentir más pe– sado el yugo de inhumanos opresores, en cuyo tribunal era un crimen hasta
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