Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

316 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ sinnúmero de atacados los establecimientos preexistentes y conoci– dos, hízose salir a algunas comunidades de sus conventos (las menos numerosas), para habilitar estos últimos en calidad de asilos. Tal ocurrió con el conventículo de San Francisco de Paula el Viejo (hoy supreso, y emplazado a la ter!llinación de la calle Cle Malambo); y aun parece que con los de San Ildefonso y San Pedro Nolasco. Las defunciones, término medio, alcanzaron a veinte por día; y es claro que hubo fechas en que excedieron de aquel número. Los patriotas prisfoneros de casasmatas habrían perecido de hambre, a no ser socorridos por los patriotas limeños, en suscripcio– nes frecuentes levantadas por el activo Boqui, alguna de ellas cons– tituida por las alhajas de su simpática hija (18); y, ya al ir a aban– donar los españoles la ciudad, para alimentar a los desertores con– quistados y escondidos por los independientes (asunto de que se clima de la ·costa, en las Memorias de Arrieta debe referirse primordialmente al campo de Asnapuquio; "puquio hediondo, en castellano, dice Mariátegui, donde los soldados realistas vivieron en el otoño respirando miasmas", alo– jados en tiendas o bajo malas chozas, con aire mortífero"; por lo cual "era excesivo el número de enfermos". Estos, en la ciudad, ''pasaban del 15% de toda la fuerza"; y, en el campamento nombrado, del 25%; en la primera, "no por peste que grasase en la población (asegura el propio Mariátegui), ni por mal clima; sino por malos y escasos alimentos y por falta de víveres" .- Op. cit.' pág. 96. (18) Paz Soldán, op. cit., t. J, pág. 162.- Estos auxHios enviábanse, pri– mero, por conducto de Cortines; y, después, valiéndose de sacerdotes y de mu– jeres.- Id. id.- En las cuentas de dicho Boqui, publicadas por el propio Paz Soldán (vol. cit. págs. 430 a 434), se encuentra una emocionante anotación, explicatoria de la partida correspondiente (481 ps. 2 rs.), que a la letra dice: "Los desgraciados de casasmatas han sido siempre el objeto de la ternura de nuestro Protector. Cualesquiera ocurrencia excitaba su compasión hacia estas víctimas; y deseoso yo de conformar mis ideas con las suyas, trataba de ali– viarlos a su nombre. En los días de pascua de Resurrección, como no hubiese ya sino muy pocas sobras, doña Josefa de Boqui, mi hija, me sacó del apuro; presentándome sus caravanas de brillantes, de ocho quilates y tres granos, a razón de cincuenta y cinco pesos quilate, donándoselas a la Patria, para que de su importe fuesen socorridos dichos pobres. Acepté la oferta, y no hubo quien diese más que cuatrocientos ochenta y un pesos dos reales; sacrificio tanto más apreciable, cuanto que era de Buenos Aires (y no peruana), lugar donde había nacido, y adonde, desde su infancia, aprendió las lecciones de su patriotismo. Yo, sobre su respeto y amor filial, la debo haber sido partícipe de todos los inminentes riesgos, continuos sustos y sobresaltos a que me he ex– puesto por la libertad del Perú; y la de haber sido depositaria de todos los fondos de la Patr ia que han entrado en mi poder, y haber sido siempre su– perior a los temores que la imaginación suele abultar en su sexo. Por lo que a mí hace le consagro mis últimos días, satisfecho de que, después de ellos, la Patria velará por su conservación y la de su s hijos".

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