Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PROCLAMAS AMENAZADORAS 309 Perú, Chile y Buenos Aires . Yo no ignoro que, con el Callao y la opinión del país, en dieciseis meses el Perú era libre; que, con los recursos del t erritorio que me quedaba, podía, con economía, mantener el ejército. Pero ¿y la escua– dra? ¿Cómo se la remito a Chile, cuando sé que no tiene Ud. un solo peso con que pagarla? Yo no podía sostenerla en este intervalo; y, de consiguien– te, su disolución era positiva, perdiendo Chile, por este motivo, sus esfuer– zos; y toda la América del Sur, la respetabilidad y seguridad que le da esta fuerza naval. En este caso (y por otras razones que expondré a Ud.) me he de– cidido a la continuación de la guerra más feroz y destructora que han cono– cido los vivientes no por las balas y trabajos, sino por la insalubridad de estas infames costas; especialmente, desde que llegó el ejército, pues no hay memoria de tantas enfermedades como en esta época.-A más de lo expuesto anteriormente, me he decidido por la guerra, por la situación del enemigo.-El tiene igual o mayor número de enfermos que nuestro ejército, aunque mejor medicinados, pero peor alimentados. La opinión, no sólo de la América, sino de la mayor parte de los europeos sensatos, está por nosotros. Tienen menos dine– ro, en proporción de sus gastos, que nosotros. Su ejército, minado en favor de la causa, pasándose a nuestras banderas. El hambre los acosa y no les queda otro recurso que retirarse al Cusca, para prolongar la guerra, como tengo noticia es el plan que se proponen ( **). Es cierto que ellos me clavarán la artillería, destruirán parte de las fortificaciones; pero todo esto se repara pron– to. - Por otra parte, la esperanza de la escuadra está fundada en las promesas que le tengo hechas; y con el armisticio no podría cumplirlo. Este sinnúmero de consideraciones y otras mil, me han hecho resolver y prolongar un poco más tiempo los males, para que gocen luego más tranquilamente los bienes. - Se me acaba de avisar que Güemes ha concluído un armisticio con Ramírez. De este modo, los enemigos pueden desprenderse de más fuerza contra mí .– Dirija Ud ., sin pérdida de tiempo, el adjunto oficio; y hágalo Ud., por su parte, con calor.- ¡Qué ventaja no fuese más que 200 hombres, y algún arma– mento a Intermedios! Este paso aseguraría la campaña de un modo positivo; pues, de lo contrario, con el armisticio de Güemes, y no pudiendo sostener a Miller, el ejército (español) del Perú caerá sobre mí, viéndose sin atenciones. Haga Ud. un esfuerzo sobre esto.- Estoy más tranquilo por la suerte de Guayaquil, habiendo recibido ya un refuerzo de 500 hombres de Bolívar, y mil más, que esperaban para atacar a Quito. Creo que el resultado sea favorable. Adiós.- José de San Martín... (**).-Conociendo y aduciendo todas estas razones en pro de la ruptura de las hostilidades, y de la facilidad de un triunfo sobre un ejército colocado en tan pésimas condiciones, preguntamos otra vez: 1<? ¿por qué se hizo segunda prórroga del armisticio el 23, para que Canterac escapárase tranquila e im– punemente el 26?, y 2<? ¿por qué no se rompieron efectivamente las hostfüdades atacando a La Serna primero y al propio Canterac después, en detall, con noventinueve por ciento de probabilidades de éxito? ¿Era romper las hostili– dades meterse de rondón y ad semper en la capital; y mover y utilizar tan sólo a las guerrillas? . . .

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