Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

308 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ puntos de la sierra; y, por lo mismo, unos y otros puedan reforzarla~: por cuya razón es preciso maniobrar con celeridad y tener suma precauczon en la ocupación del país.- Salen hoy cuatrocientos hombres, a las órdenes de García (Camba), marchando por la quebrada de San Mateo, a operar sobre la Ascensión, y regresar aquí por Santa Olaya y San Jerónimo.- El Sr. Valdés no deberá separarse del Sr. Ricafort para volverse aquí, si no hubiere una gran necesidad, hasta tanto que se le avise el resultado de las negociaciones.– Dios, etc .- A los Sres. brigadier don Mariano Ricafort y coronel don Jeró– nimo Valdés ". 11.-"Los sucesos de Arenales, la amputación de Ricafort, el movimiento que se iba a practicar (?), y la buena fortuna que preside a cuanto Ud. se propone son las verdaderas transacciones de Punchauca. Riámonos soZ.emne– mente de lo demás.- Nada hay en este mundo que no tenga un momento de– cisivo: la prudencia está en aprovecharlo; y espero, lleno de confianza, que Ud. está próximo a hacerlo".- Carta de Monteagudo a San Martín, del 20 de ju– nio.- Apud Paz Soldán: 1, 173, y pág. 68, núm. 264 del Catálogo. 111.-"Goleta Montezuma, en el Callao y junio 26 de 1821.- Sr. D. Ber– nardo O'Higgins.- Reservada.- Mi amado amigo: -Monteagudo, que quedó encargado de dar a Ud. todos los avisos de las ocurrencias de nuestra cam– paña, le habría comunicado los sucesos ocurridos. Por otra parte a mí me era imposible, tanto porque el infernal reumatismo me ha tenido postrado más de un mes, como por mis atenciones, que han sido infinitas.- Arenales vol– vió a apoderarse de la sierra con suceso, cuyo movimiento, unido a los del convoy (Cochrane y Miller), hizo hacer variar al enemigo todo el plan de su campaña. Las negociaciones entabladas hicieron suspender la continuación.– Estas han seguido hasta hoy, demorándolas por mi parte, con dos objetos: 1? dar tiempo a Arenales para que repusiese hombres y animales de su divi– sión, que habían sufrido en el paso de la cordillera lo que Ud. no puede calcu– lar, especialmente por las nevadas y falta de abrigo en el pobre soldado; y 2? ver si se reponían mis enfermos (contando con la llegada de las medicinas), cuyo número no baja de 2,200 hombres. Lo primero lo he conseguido, con la ventaja de haber aumentado Arenales su división con 600 hombres; y, aunque lo segundo no se ha realizado sin embargo, con mayor cuidado en los hospi– tales Y la salida del ejército de Huaura, la mortandad no ha sido tan notable. En este estado, hoy día se han vuelto a romper las hostilidades por mi parte (*). Diré a Ud. las razones que me han impulsado a este duro paso- Los ene– migos, como base preliminar, debían entregarme el castillo Real Felipe, con las demás fortificaciones adyacentes. La fuerza marítima que viniese de la Península, debía regresar a España, al mes de su llegada a estas costas. Toda la parte del norte, desde Chancay inclusa la península de Mainas) quedaba en mi poder. Para la independencia de la América era ventajoso este partido; pue~ de mí. no se exigía más que un armisticio por dieciseis meses, y que se enviasen diputados, para tratar con el gobierno español la independencia del (*).~Falso: estaba en vigencia la segunda prórroga del armisticio, pactada el 23 Y vigente hasta el 30 de junio, o sea hasta cuatro días después de la fe– cha de est~ carta; y, como es imposible que el suscriptor de la misma igno– rara ~ olvidara uno de sus actos presentes y en vigor, mal podemos explicar– nos m exculpa~ falsedad tan. voluntaria, a no ser por el prurito de ocultar tantas I?oratonas o aplazamientos, y, en todo caso, echar tierra en los ojos del destmatario, por parcial y amigo que fuese.

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