Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

268 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ do esa superioridad que toma sin esfuerzo, cuando las circunstan– cias lo requieren", dice más o menos, así: "Es éste uno de los aías mas venturosos de mi vida. He veni– do a esta tierra desde la mía, no en pos de glorias sangrientas; sino ansioso de defender y fundar esos mismos derechos de que España se ufanó al sanciúnar La constitución de W12, que V.H. y sus ge– nerales todos, sostuvieron. Todos los liberales del orbe somos her– manos; y, aunque la Península haya permitido que esa constitución sea abrogada para volver al absolutismo, sus defensores no pueden ni deben ser un obstáculo a que sus principios imperen en Améri– ca, así convertida en refugio de sus correligionarios políticos. Los diputados de V. E., tanto como los míos, han arribado, en sus con– ferencias íntimas, a esta conclusión: la independencia americana no está reñida con las conveniencias de lo que hasta aquí fue su metrópoli: ceder ante ella será un bien para ésta y para las anti– guas colonias; estas últimas quedarían enlazadas perpetua y since– ramente con la primera, por los vínculos del comercio y de la ar– monía consiguientes a. la unidad de raza, religión y lengua; estorbar esa independencia, es imposible; pues, aunque los jefes y soldados hispanos, como siempre, se batirán de modo heroico, toda su san· gre y todo s.u encarnizamiento serán superfluos ante la decisión inquebrantable que los hijos del Nuevo Mundo han tomado, de ser libres. Procurar la independencia del hemisferío en que vivimos, es, en resumen, procurar el bien común de españoles y americanos". "Tratándose especialmente del Perú, él se va a arruinar si con– tinúa la guerra: es necesario acordar un medio de terminarla lo más pronto posible. Ese medio, el mejor, el más práctico y prove– choso, es darle un gobierno propio, en que España obtenga la in– mensa ventaja de coronar a uno de los ilustres vástagos de su di– nastía. La experiencia de una revolución que dura ya once años, ha demostrado que el gobierno más adecua.do a las clases; a las cos– tumbres, aun a los vicios, a las preocupaciones; en general, al ca– rácter y a la educación del Perú, es la monarquía; una monarquía constitucional que asegure a este pueblo su independencia, su liber– tad, su tranquilidad y su opulencia, eximiéndolo del desorden y de la anarquía: he ahí la obra más digna y meritoria de quienes ejer· cen la confianza pública" (5). "Para manifestar la rectitud, la lealtad y la abnegación con que, a este propósito procedemos yo y mis camaradas, renuncia- (5) Copiamos, casi literalmente, en este acápite, a Restrepo, poseedor, como pasamos a verlo, de documentos que indudablemente obtuvo de manos de Bolívar; Y éste, de persona ignorada, que bien pudieron ser Heres o Guido,

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