Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
NEGOCIADORES OFICIOSOS 263 tenían a honra y gala imitar todos los incidentes dramáticos y prin– cipios emancipadores de la revolución francesa; de quienes habían luchado y seguían luchando por el desprendimiento de las colo– nias respecto de la metrópoli; y, con todo, se allanaban a trans– formar aquéllas en accidentes del organismo principal, que conti– nuarían pesando sobre las mismas, por interpósita mano, es cierto, pero reteniéndolas a la manera de ramas del mismo tronco. Esto supuesto, ¿qué importarían, en verdad, las condiciones y garan– tías , cualesquiera que fuesen, de lo oculta, pero unánime y defini– damente pactado? XI El enigma se desvanece: la historia y la posteridad han pene– trado en lo íntimo de los acontecimientos; el misterio queda expli– cado ... La negociación queda hecha en el fondo; tan sólo falta darle forma. A ella se marcha inmediatamente. En dulce y amable fra– ternidad y sincera confianza, acuérdase, antes de ajustar el "armis– ticio duradero y definitivo" -definitivo, porque llevaría a los conten– dores a la armonía final- suscribir otro armisticio provisional, que, discutido del 20 al 22, se firma a las cinco de la tarde del 23, en las siguientes seis últimas cláusulas, una de las cuales (la tercera) pres– cribe ya, obligatoria, solemnemente, la celebración de la famo– sa entrevista de Punchauca; y en cuyo preámbulo, por vez pri– mera, se reconoce a los "insurgentes", a los "rebeldes" americanos, el carácter, y se les da el calificativo de "independientes". ¿Acaso no iban a serlo, no lo eran ya, en el concepto monarquista de todos los negociadores de esa tregua? ''Los diputados reunidos en Punchauca, para tratar de poner término a los males de la guerra en el Perú; a saber: por parte del Excmo. Sr. don José de San Martín, los señores coronel don Tomás Guido, primer ayudante de campo; don Juan García del Río, secre– tario de gobierno y hacienda; y don José Ignacio de la Rosa; y, por parte del Excmo. señor don José de La Serna, presidente de la Jun– ta de Pacificación establecida en Lima, los señores don Manuel de Llano y Nájera, mariscal de campo; don José María Galdiano, se– gundo alcalde constitucional de la ciudad de Lim"tl; y don Manuel Abreu, capitán de fragata;- convencidos de que una suspensión temporal de hostilidades es necesaria para fijar las bases de una ne– gociación, y celebrar un armisticio, durante el cual se procederá a conciliar las actuales desavencias entre el gobierno español y los
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