Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
NEGOCIADORES OFICIOSOS 261 y confianza, autorizase a este último, para manifestar, francamen– te y en su nombre, que sus ideas coincidían en un todo con las de los corifeos españoles; aun en lo más grave, esto es, en lo to– cante a la coronación como rey del Perú, "de un príncipe de la familia reinante en la nación española"; y 3~ la conversión rápida de la inteligencia escrita y secreta entre los jefes de los dos cam– pos y ejércitos contrarios -iniciada por Canterac- en una entre– vista personal y pública, efectivamente realizable y realizada al ca– bo el 2 de junio, como se verá mas adelante. IX He aquí las dos piezas aludidas, demostrativas de tan serias y saltantes circunstancias: 1.-"Aliaga, tarde deL 13 de mayo de 1821.- Querido M( anuel): Mucho conviene un armisticio; tanto mas, si unos y otros nos en– tendemos y conocemos la necesidad de un rey, y que éste ha de ser el nuevo imán que reúna los descendientes de unos mismos pa– dres, cuyo odio, nacido de opiniones diversas, cesa desde el momento en que éstas son uniformes. Honor y buena fe siempre serán nues– ~ ra divisa; ~ seremos dichosos, si estos mismos sentimientos po– demos emplearlos en bien de la humanidad; y cosa terrible fuera que las circunstancias nos obligaran a olvidar ésta, y obrar contra ella de un modo horrible, para mantener ileso ese mismo honor. Dios quiera que así no sea, y sí lo primero.- Haga Ud, reparar a los señores comisionados del general San Martín, que lo que se dice del sistema de gobierno es en la Gaceta, y no en El Deposita– rio, otro papel, en el que el editor habla a su antojo (hasta tanto que lo hagamos callar) en a.rtículo de personalidades.- Adías.– Suyo C(anterac). II.-"Aliaga, a las seis de la tarde del 16 de mayo.- Mi esti– mado M(anuel):- He tenido el gusto de ver, por la que me ha escrito usted después de la vuelta del coronel Guido, que el señor genéral San Martín coincide con nuestras ideas, con relación a gue se corone aquí un príncipe de la familia reinante en España; y, por lo mismo, obrando todos de buena fe, no creo debemos pa– rarnos en pequeñeces en el arreglo del armisticio; máxime, cuan– do podemos tener por seguro que, una vez arreglada la tregua, no se volverían a renovar las hostilidades, puesto que no puedo figu– rarme que la nación deje de acceder al proyecto de rey, si efecti– vamente lo desean los americanos.- Esta idea no es nueva. En el año (14) tuvo mucho partido entre los liberales, y aun se creyó la
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx