Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

NEGOCIADORES OFICIOSOS 259 de la delegación realista, D. Francisco Moar, hacía lo propio que aquel brigadier, pero dirigiéndose personalmente a Canterac, y pro– vocando una respuesta simultánea de éste, en su nombre y en el de La Serna; respuesta, aunque más corta y lacónica, mucho más franca y explícita que la destinada a Llano y Nájera; escrita, el mismo día y a la propia hora, en la hacienda de Aliaga; esto es, a las nueve de la noche del 10 de mayo; y redactada como sigue:– ''Querido Moar:- He leído su apreciable al señor virrey, y me en– carga diga a Ud. que puede asegurar a Guido que su opinión (la de La Serna) es que venga aquí, a coronarse, un príncipe de la fami– lia real, como medio seguro para, de una vez cortar las desave– :iencias entre españoles y americanós; y, también, por estar bien persuadido de gue sólo una monarquía bien cimentada es el go– bierno que puede, en caso de emancipación de la América, conve– nir a ésta y salvarla de los horrores de la anarquía; y, por lo mis– mo, si el general San Martín escribiese al señor La Serna sobre este particular, no dudo que éste contestaría favorablemente. Y por último, hágase una tregua, honrosa para los dos actuales desuni– dos partidos, que no dudo que pronto estarán de acuerdo, tratando de poner aquí un rey de la familia reinante; pues el virrey está pronto a enviar diputados a España, en compañía de los del go– bierno de ChiJe para pedirlo.- Así puede Ud. manifestorlo al se– ñor Guido, y asegurarle que los jefes que tenemos influencia en los negocios y en el ejército, somos de este modo de pensar; y que puede estar persuadido que nos alegraremos se verifique, y reunirnos de ese modo. En fin, usted, que conoce nuestro modo de pensar, puede obrar en consecuencia.- Adios. Suyo, C(anterac)". VII Los escarceos diplomáticos sucesivos, referentes a la forma de prestar la garantía (10 y 15 de mayo), seguramente que no se encaminaron a otro objetivo que el de ganar y brindar tiempo para una inteligencia directa entre La Serna y San Martín, propuesta terminantemente por Canterac, en la forma de una carta que el primero recibiese del segundo, v casi con la promesa de que éste obtendría respuesta favorable de aquél. Sólo que San Martín, muy prudente y muy hábil en estas cosas; y tanto que se ha dicho que era mas un diplomático que un estra– tega, no accedió a dar esa prenda escrita de sus determinacio– nes y anhelos monarquizadores; y se limitó, evidentemente, a hafüar de una entrevista, cuyas efusiones verbales, para el caso de fracasar

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