Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

258 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ revolución de Francia hasta la batalla de Waterloo.- Adios. Ne– gocien ustedes bien; beban mucho; y, si nada se hace, las bayone– tas alargarán la contienda; mas, si nos entendemos y avenimos a la razón, podríamos asegurar desde ahora la suerte de este suelo.– De Ud. siempre.- C( anterac) .- P.D.- Búsqueme Ud. lo que le dejé en el necessaire. Cuidado con contestarme, pues se le olvidó a Ud. por lo que veo". V Carta interesantísima ésta, porque revela: 1? la existencia de la entrevista previa de Chancay, con sus pourparlers oficiosos, espontá– neos y aun casuales; 2? la evidencia de que Guido conocía y había propuesto o aceptado la idea de la nueva monarquía peruana; asun– to respecto al cual habláronle bien claro Valdés y Canterac; 3 9 la franca coparticipación de éstos en el plan monarquizante, con– corde con las ideas antiguas y los propósitos arraigados de San Martín; 4? la circunstancia elocuentísima de que, a una nueva in– sinuación de Guido sobre el punto, referente a lo conversado con los jefes españoles en Chancay, insinuación dirigida a Llano y Ná– jera, éste se apresurara a escribir a La Serna quien mostrando la carta pertinente a Canterac, hizo sin duda que este último, a su vez, escribiese a Llano, por no creer conveniente ni diplomático hacerlo él mismo; 5? que en esta carta (ide Canterac) procuróse descartar, desde el comienzo, cualquiera proyecto a la mejicana, o sea a la O'Donojú, esto es, la monarquía inmediata con el vi– rrey del Perú convertido en cabeza de la misma; 6? que los dipu– tados españoles, que tres días antes declarábanse desnudos de toda autorización para ofrecer la menor garantía, manifestaron, el mismo diez, seguramente instruídos por La Serna, con el propio conductor de la carta de Canterac, "estar ya allanado el requisito de la garantía solicitada"; y 7? que fue aquella negocación subte– rránea la que obró el milagro de cambiar, de un instante a otro, la disposición de ánimo de los negociadores, inclinándolos a la eli– minación de obstáculos y ;.1 la aceptación de exigencias que, en cualquier otro caso, habrían bastado para dar súbito término a toda inteligencia, así fuese parcial, entre los contratantes. VI Hay que recordar que, al mismo tiempo que Llano y Nájera escribía al virrey acerca de la insinuación de Guido, el secretario

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