Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

242 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ La disyuntiva -hasta este momento, terrible y fatal- de la paz, con el reconocimiento voluntario de la independencia o la gue– rra, para el reconocimiento forzoso de la misma, impuesto por la victoria, quisiéralo o no el renuente adversario, se transformó, por esta respuesta inesperada, en el término medio de que en su cficio hablaban los propios representantes independientes; térmi– no medio que, en suma, significaba la exclusión y el olvido de los dos terribles e inconciliables extremos. Ni la guerra ni la paz; sino el armisticio, la tregua. Ni el reconocimiento inmediato de la independencia por el contrincante próximo, presente, actual; ni ese reconocimiento, forzoso, por la victoria sobre el mismo; sino el aplazamiento de la cuestión, su traslación a la Península, y su so– metimiento a la decisión del rey; ¿y qué importaba todo ello, sino el triunfo de las ideas, propósitos y planes del partido rea– lista, que, utilizando el larguísimo interregno destinado a gestión tan dilatada en el tiempo y fan apartada en el espacio, conseguiría lo que ya érale difícil obtener: desahogo sobrado, para salir de la hambruna y demás calamidades del asedio; tranquilidad, para re– organizarse y rehacerse; respiro para, con nuevas fuerzas y vigores, volver a la carga, con mayores probabilidades de favorable éxito?. don José de La Serna, persuadiéndose de la vehemencia con que los abajo firmados desean la paz, se servirán explanar la proposición de armisticio inde– finidamente propuesto, de un modo que, no sólo marque el candor y la buena fe del gobierno a que pertenecen; sino que dé lugar a su aceptación, sin com– prometer los derechos del pueblo americano, cuya dignidad y seguridad no pueden perder de vista los que suscriben.- Colocados ya en este término medio, esperan asimismo, los abajo firmados, que en lo sucesivo se prescindirá de volver a indicar que el juramento de la constitución española sea el testi– monio más honroso de los sentimientos liberales del gobierno de España, y de sus sinceros deseos por la reconciliación; respecto a que el nombre de aquel código es ominoso para la libertad del Nuevo Mundo, y que su liberalidad, con relación a éste, ha sido demostrada por la razón y la experiencia. - Los que suscriben, reconociendo con gratitud el celo por la unión, con que se reco– miendan los dos señores americanos, diputados del Excmo. Sr. presidente de la Junta de Pacificación, se complacen en observar la identidad de sentimien– tos, no menos humanos, del ilustre diputado nacido en la Península; y aplau– den estas circunstancias con el anuncio feliz de la consolidación de la paz, tan suspirada. ¡Ojalá que la Providencia se digne echar una mirada favorable sobre Punchauca; e inspirar a los que se hallan reunidos en ella, para promo– ver el bien de sus semejantes!-Los que suscriben tienen el honor de protes– tar a los Sres. diputados del Excmo. Sr. D. José de La Serna, los sentimien– tos de la más alta consideración.- Tomás Guido.- Juan García del Río.– José Ignacio de La Rosa.- Fernando López Aldana, secretario.- Sres. dipu– tados del Excmo. Sr. D. José de La Serna, etc."

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