Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRELIMINARES E INSTRUCIONES 243 Así con la aceptación del cambio radical propuesto por los emi– sarios de la Junta de Pacificación, los diputados patriotas descen– dieron espontáneamente de la altura en que, fuertes por sí mis– mos, resultaban árbitros y señores de sus destinos y de los desti– nos del continente; y colocáronse en el plano mismo de los inte– reses contrarios, en un acto de regresión bochornosa; ya que, ue– volviéndose a la sumisión antigua, a la juriscticción y el poder lar– go tiempo repudiados, accedían a presentarse ante él demandando una limosna de aquella misma libertad, que ya se habían conquis– tado, y que por tanto poseían; y esto bajo el cetro (como ya veremos) de uno de los mismos déspotas a quienes habían com– batido, maldeddo y hasta vencido en los campos de batalla! ... ¿Qué misterio era aquél que así ardía y palpitaba subterrá– neamente .en el espíritu de los próceres sudamericanos; que así opacaba su vista, enturbiaba su liberalismo y torcía sus más tras– cendentes actos? ... V Cierto que, estudiados los documentos respectivos (5), se en– cuentra en ellos previsto, y aun resuelto el caso: sólo que, dados to– dos los antecedentes ya contemplados en esta Historia, y supues– ta la naturaleza de las cosas y de los hechos, la solución traslati– cia del asunto a teatro distinto, podría haberse tenido por previa– mente fracasada. En efecto, el misterio a que acabamos de aludir, asomaba ya su envenenada testa por entre las inter1íneas de las instrucciones que el general en jefe independiente expidió a sus personeros di– plomáticos. Entre esas instrucciones, la quinta predecía el plantea– miento de la cuestión ante el rey liispano, y hasta determinaba la garantía exequible para aquel evento, cual era la desocupación del Callao y de Lima por el ejército realista, y la entrega de aquel puesto a la ocupación de las fuerzas libertadoras. La cláusula sex– ta, por su parte, llegaba a estatuir lo que debería pactarse en ma– teria de ocupación, también, del territorio del virreinato, por uno y otro ejércitos, y aun en lo pertinente a sus recíprocas relaciones, tanto políticas cuanto comerciales. En realidad -como se palpará en otros documentos, más :idelantes insertos- un pensamiento bastardo, formulado en cierta (5) V. la nota núm. 2 de este mismo capítulo.
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