Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRELIMINARES E INSTRUCIONES 239 había acreditado, "carecían de autoridad para hacer el reconoci– miento indicado"; de donde. en la imposibilidad de llegar a un fin, ventajoso para todos, por alguno de esos contradictorios ex– tremos; y teniendo en cuenta que, según la propia indicación de San Martín, "acaso no sería difícil hallar un medio de avenimiento", proponían: 1? el envío a la Península, de "comisionados plenamen– te autorizados , que, en unión de otros nombrados por el gobierno español, transasen allá las diferencias reinantes"; y 2? la negocia– ción y ajustamiento, "en el interín, de un armisticio" semejante al pactado "en la Costa Firme por el general Bolívar"; armisticio que, "liaciendo cesar los males de la guerra" fuese algo así como "la au– rora de la paz" ( 3). (3) "Punchauca, 4 de mayo de 1821.- Los infrascritos, con presencia de lo que manifestaron los señores diputados del Excmo . Señor general don José de San Martín, en las negociaciones de Miraflores, acerca del estableci– miento de la independencia política del Perú, como base de la pacificación, tienen el honor de exponer que el sentido solo o inteligencia de la palabra pudiera, acaso, ser ahora obstáculo a una transacción amistosa, que imperio– samente exigen la humanidad y la conveniencia recíproca; sin que, por esto, se desluzca que la América no tendrá toda aquélla que prescriben la razón, el interés común y la ilustración del siglo. Si por el convenio lograse disfrutar de felicidad tal, cual pudiera desear el pueblo más libre y fanático por los derechos del hombre en sociedad, parece habría llenado todo su objeto. No es otro, pues, el que se promete el gobierno español en la negociación. El jura– mento de la constitución política de la monarquía española, sancionada por las cortes generales de la nación, que se indicó entone.es, es, en concepto de los que suscriben, el testimonio más honroso de los sentimientos liberales del gobierno español, y sus sinceros deseos por la reconciliación de unos países que, estando identificados por todos títulos, se han constituido en disidencia por efecto de desgracias comunes. Sí, por desgracias comunes. ¿Y el español, en su hemisferio, por ventura fue más feliz? ¿Disfrutó más libertad civil y política?. Pero no: corramos un velo a tan triste memorial!- Bajo estos princi– pios, los infrascritos, con arreglo a las nuevas instrucciones que ha traído el comisionado por S.M.C. para tratar de la pacificación, teniendo también pre– sente la indicación que los señores diputados del Excmo. Sr. Gral. San Martín hicieron, de que acaso no sería difícil hallar un medio d.e avenimiento amis– toso,- y, finalmente, careciendo la Junta de Pacificación de autoridad para iel reconocimiento indicado, pasan a invitar al gobierno de Chile y sus jefes, a que, para transar las diferencias que reinan, envíen a la Península comisio– nados plenamente autorizados, en unión de otros, nombrados por el gobierno español, a cuyo fin ofrece éste franquear todos los auxilios que estén de su parte; y, en el interín, a un armisticio; al tenor todo, de lo practicado en la Costa Firme por el general Bolívar, que, haciendo cesar los males de la gue :rra, sea la aurora de la pacificación.- Si los resultados produjesen la más íntima unión, se habría llenado el voto de la nación española, que, según sus principios, no aspira a la gloria de conquistar, ni al dominio de siervos y es– clavos. Hombres libres son los que quiere en su asociación. Harto ha sufrido

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