Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
234 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ te la pobreza e inquietud de los tiempos, y la escasez de 10s recur– sos, así privados como públicos, en momentos en que todo era ofrendado. sin limitación ni reservas, en aras de la inaependencia americana. En esta última labor fue inimitable. Y, en efecto, se– cundado por los oficiales subalternos, capitán de artiílería don Hilario Cabrera, y su segundo, el teniente Manuel Grande, erigió una maestranza (auxiliar de la de Mendoza) para fabricar equipos destinados al Ejército de los Andes; incrementó los batallones l<:>, 7, 8, y 11 del mismo, con buen número de reclutas sanjuaninos, que colmaron compañías enteras; cedió a esos cuerpos sus propios es– clavos (16), induciendo así a otros propietarios a practicar cosa igual voluntariamente, sin más reato que el del ejemplo y su estí– mulo; y fue incansable en solicitar y reunir valiosos donativos en dinero y en especies (ropa, alhajas, plata labrada, etc.), que luego en grandes piaras, iban a renovar el siempre exhausto tesoro de San Martín; general que le llamaba "su gran colaborador". V Secundado por su hermano político (,empleado único de su secretaría), el modesto, laborioso y patriota Alejo Junco ( 17), tan digno como él y, como él, tan desventurado, consumó la colosal labor de organizar debidamente la llamada "división de la derecha" deJ. Ejército de los Andes, que, incrementada con un cuerpo de ca– ballería y un batallón de milicias de San Juan, y puesta a las órde– nes del coronel don Juan Manuel Cabot, partió conducida por el mismo La Rosa, hacia los Andes, camino del norte de Chile (con Coquimbo por objetivo) . en combinación con las del centr,o (lanza– das por los pasos de los Patos y Uspallata) y la del sur, o "divi– sión de la izquierda", que deoía dispararse sobe el Planchón. camas; creó el paseo de "la Alameda", en que instaló la columna del "9 de ju– lio", derribada por el huracán del 25 de junio de 1850; ensanchó, reparó y abrió caminos; multiplicó los correos; y, atento al desarrollo económico de la región, instauró una compañía destinada a constituir el capital necesario para la adqui– sición de una maquinaria moderna con que laborar y explotar las minas de oro de Guallián; maquinaria instalada a poco por el citado regente de la es– cuela de matemáticas, R .P. Benito Gómez. (16) De cierta hacienda que en testamento le dejó una señora, de apellido Cabrera, en cuya casa había La Rosa vivido durante su permanencia en Buenos Aires; señora que, no teniendo hijos, y habiéndole cobrado gran cariño, bízole su heredero. (17) Casado con Felicia de la Rosa, hermana de José Ignacio.
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