Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA JUNTA PACIFICADORA 233 Nos referimos al antiguo y eximio gobernador de San Juan, provincia de la heroica Cuyo, el digno y desventurado don José Ignacio de La Rosa, diputado, en las conferencias de que aquí tra– tamos, por parte de San Martín. IV Había nacido en San Juan, a fines del siglo XVIII. Sus padres, pertenecientes a las más selectas familias del lugar (14), educáron– le en Córdoba primero y en Santiago de Chile después, hasta ha– cerle obtener el grado de doctor en jurisprudencia y el título de abogado. Vuelto a su patria y establecido en Buenos Aires, donde trabó relaciones con los más decididos patriotas, fue uno de los más entusiastas adherentes de la revolución de mayo, a la que con– tribuyó con todas sus fuerzas. En 1812 conoció a San Martín, y, desde el primer instante de ver a este gran prócer, convirtióse en uno de sus más ciegos amigos, auxiliares y admiradores. Tras él trasladóse a la provincia de Cuyo, para secundarlo activamente en todos sus planes. Al efecto constituyóse en la ciudad de su naci– miento, donde (¡dice uno de sus biógrafos), por sus cualidades de inteligencia, seriedad, honradez y carácter, fue inmediatamente re– conocido como jefe del partido independiente, conquistándose in– mensa popularidad. Enlazado por amistad íntima con el insigne p eruano don Narciso Laprida, ambos encauzaron y dirigieron en San Juan el irresistible movimiento ae abnegación y civismo im– preso a la provincia entera, por el futuro triunfador de Chac~buco. El 10 de enero de 1815, fue La Rosa designado alcalde de primer voto; y, en abril del propio año, elevado a la gobernación política de la jurisdicción por elección popular. En uno y otro cargos rea– lizó verdaderos milagros de progreso y actividad (15), no obstan- (14) Don Fernando de La Rosa y doña Andrea Torres. (15) Construyó la nueva casa consistorial, de dos pisos; abrió tres es– cuelas: la de varones (cuyo edificio alzó desde los cimientos), que confió al notable pedagogo don Ignacio Fermín Rodríguez y a sus hermanos José y Ro– que, únicos maestros del gran Sarmiento; la de mujeres, nunca existente hasta esa fecha; y la llamada ''Aula de Matemáticas'', que hizo dirigir por el fraile español Benito Gómez; abrió un gran canal de riego para fecundizar los eria– 'les de Pocitos, cinco leguas al sur de San Juan, y del Causete, a siete leguas, los mismos que dividió en lotes y distribuyó entre las familias pobres; trazó calles nuevas, dando a éstas y a las antiguas los nombres de los próceres del Plata (Moreno, Castelli, Belgrano, etc.); refeccionó la casa de Recogidas, en donde recluyó a las mujeres de mala vida, a las que ocupó en trabajar tvestuario para el ejército; perfeccionó el hospital, duplicando el número de

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