Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
222 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ con su enunciac1on entusiasta y aparatosa; y que, aun fracasado, no le permitió redimirse de su apostasía, y sólo dirigió la visual del descaminado protector del Perú hacia otras cortes y príncipes de Europa. IV Los comisionados designados por la corte de Madrid para pro– mover una inteligencia con los pueblos ultramarinos rebelados fue– ron once: dos para Venezuela (el brigadier don José Sartorio y el capitán de fragata don Francisco Espelins); dos para S2.nta Fe de Bogotá (¡el capitán de navío don Tomás Urrecha y el de fragata don Juan Barry); dos para Chile (capitanes de navío don Francis– co Goñi y don Francisco Ulloa); tres para Buenos Aires (el secre– tario de Fernando VII, don Manuel Cortina, el capitán de fragata don Manuel Mateo y el coronel don J. Herrera); y, en fin, dos pa– ra el Perú, que fueron: el brigadier de los reales ejércitos don José Rodríguez de Arias y el capitán de fragata don Manuel Abreu. Muerto Rodríguez de Arias en Panamá, de un ataque de vómi– to negro, sólo Abreu pudo seguir adelante, a bdrdo del bergantín español Nuestra Señora del Carmen, que le llevó por fin a las costas del Perú, las mismas que pisó en el puerto de Samanco pa– ra continuar viaje por tierra hasta Lima. Naforalmente 1 interpues– to en Huaura el ejército de San Martín, el comisionado regio, que, por temor a un desaguisado de Cochrane, había resuelto en Paita no seguir por mar hasta el Callao, encontróse (hasta enton– ces ignorante de lo que en el Perú ocurría) con que al continuar por tierra necesariamente habría de pasar por las horcas caudi– nas de los vivaques independientes. Hombre bueno, prudente, equi– librado, de las más rectas intenciones, y hasta socialmente tími– do, creyó al principio haber hecho senoa equivocada y peligrosa, ~eguro de que su inusitado carácter diplomático le resguardaría contra posibles insultos y atropellos; pero decidióse, después, a ten– tar el vado militar que se oponía a su paso, confiando en las bue– nas nuevas, que en todas partes obtuvo, de la moderación, finura y afabilidad de los jefes y soldados patriotas. Por conducto, pues, del sargento mayor argentino don Esteban Figueroa, comandante de la costa sur de Santa, solicitó ( 18 de mar– zo) y obtuvo pasaporte para llegar, sin temor ni obstáculos, al cam– pamento del general libertador, a quien había hecho conocer su deseo de "conferenciar con él antes de pasar a Lima y de proceder
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