Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

TENDENCIAS PACIFISTAS DE ULTRAMAR 221 gridad de los dominios españoles". Soñaba despierto el espíritu falaz e inconsecuente del "Deseado", cuando presumía tal finalidaa factible en el discurso que a las cortes liberales de 1821 dirigiera aquel pobre monarca en la clausura de sus memc>rabilísimas sesio– nes: "Haré, dedales, todos los esfuerzos po~ibles, para obtener el restablecimiento del orden en las provincias de ultramar; y mi go– bierno, incitado por las cortes a tomar las medidas que se estimen convenientes a su felicidad, teniendo en consideración el estado de aquellos países, lo hará sin dilación y con toda liberalidad. Los es– pañoles de ambos hemisferios deben estar convencidos de que nada deseo tanto como su felicidad, fundada sobre la integridad de la monurquía y la observancia de la constitución". La oportunidad de estas risueñas fantasías se había evapora– do. Aquel sol sin ocaso de que liablara jactancioso Felipe el Taci– tuno, iba al cabo a ponerse, eternamente, sobre la mitad de los do– minios que a su patria obsequiaran las proezas de Cortés, Pizarro y otros grandes aventureros prodigiosos ... III No era San Martín quien pudiera creer en la eficacia de nego– ciaciones cuya condición esencial estribaba en la ejecución perti– naz al régimen que precisamente había venido a atacar y destruir, sin otra modificación que la impresa en las instituciones que aca– baba de instaurar el régimen liberal; pero sabemos que, fuese por e onvicción sincera, despertada en su ánimo al contemplar las con– v-ulsiones en que se debatía su propia patria; fuese por sugestión ejercida en su inteligencia, fría, equilibrada y metódica, por el neo– rronarquismo anglicano de Monteagudo; fuese por apego imborra– ble o simpatía nostálgica hacia organizaciones y formas a que es– taba habituado desde la infancia, a las que había servido y por las que había luchado; ello es que el prócer diose a acariciar una ilu– sión deplorable, resorte secreto de todos sus yerros y renuncios, eclipses y contemporizaciones. Tal fue la ilusión de la monarquía, que, en concepto suyo, entrañaba el único principio plausible, la forma exclusiva aceptable, de arrancamiento de la metrópoli, sin la oposición y aun eón el beneplácito de esta misma; extraña liga de dos ideales absurdos por contradictorios: la sujeción a la fa– mHia reinante, de un lado y la independencia, de otro. Ese el desgraciado esquema que iba a formular en la iamo– ~a entrevista de Puncháuca; esquema extinguido al nacer; rechaza– do de hecho por los mismos a quienes creyó y aguardó deslumbrar

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