Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

216 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ V Esforzáronse estos últimos por infundir en los primeros la con– vicción de ''la sinceridad con que el general San Martín había acep– tado la invitación del general La Serna, para buscar un medio conci– liatorio que terminase los males de la guerra"; pero Valdés y Loriga, lejos de proponer una fórmula de avenimiento, cualquiera que fuese, para base y materia de discusión, detuviéronse a "discurrir un canje de prisioneros, y acerca de la calidad en que el batallón Numancia debería ser considerado actualmente por el ejército de Lima"; y dié– ronse después a "descubrir si los emisarios independientes declina– rían o no, de los principios que hasta allí habían reglado la conduc– ta política" del general en jefe contrario; es a saber, la protesta, so– lemne y terminante, repetida en otras ocasiones, de no entrar en con– venio alguno que tuviese por base la independencia política del Perú; para luego salir con la habitual cantaleta de "la constitución española (de 1812), y renovar, más o menos modificadas, las propues– tas de Miraflores". Demás es decir que Guido y Alvarado, cortando de una vez discusiones ociosas, apresuráronse a declarar que "era inútil e intem– pestiva toda proposición conciliatoria que no partiese del reconoci– miento de la independencia peruana"; base única de su autorización "para fijar los preliminares de paz". Así que después de una sesión celebrada en la mañana, y de otra en la tarde, sin que, por supuesto en ninguna de las dos, arri– bárase al menor acuerdo sobre lo principal, consagróse la tercera, efectuada ya en la noche, al arreglo de "negocios subalternos corres– pondientes a ambos ejércitos"; hasta que, momentos antes de las doce, dieron los sedicentes negociadores por acabadas las conferen– cias; y los españoles partieron a su campo de Asnapuquio a las doce y media (5). (5) "Excmo. Sr.: - En cumplimiento de la orden de V.E., de 15 del corriente, para que pasásemos a la hacienda de Torre-Blanca, donde debía tener lugar nuestra entrevista con dos jefes enemigos, marchamos a Huacho; y el 16, a la una y media de la tarde, salimos de aquel puerto, a bordo del bergantín de guerra Pueirredón, con dirección al de Chancay, en el que ancla- rnos a las seis de la tarde del día siguiente.- Inmediatamente seguimos al lugar de nuestro destino; y, después de haber mandado retirar a Chancaíllo todas las partidas avanzadas, para dejar el pueblo de Chancay y sus subur– bios como campo neutral, aguardamos el día convenido para la entrevista.– A las cinco Ymedia de la mañana del 19, se nos anunció que se acercaban los jefes enemigos, con una escolta de veintidós hombres; y, estacionada ésta en Pc.1samayo, los coroneles don Jerónimo Valdés, jefe del E.M., y don Juan

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