Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA ENTREVISTA DE TORREBLANCA 217 Alvarado y Guido, por su parte, devolviéronse de Torre-Blanca a Chancay en la mañana del 20; reembarcáronse el 21; llegaron a Hua– cho el 22; y el 23, ya en el cuartel general de Huaura, elevaron a su Loriga, comandante general de caballería de Lima, nombrados para la entre– vista por parte del Excmo. Sr. general La Serna, vinieron a nuestro aloja– miento, acompañados del oficial que habíamos destinado a este objeto.– Era de esperar que, después de los comedimientos recíprocos, y después de haber manifestado, por nuestra parte, la sinceridad con que V. E. aceptaba la invitación del general La Serna para buscar un medio conciliatorio que ter– minase los males de la guerra, los señores jefes, sus comisionados, hiciesen alguna proposición consistente con tales principios, y con la terminante y solemne protesta (repetida por V. E. en otras ocasiones) de no entrar en.con– venio alguno que no tuviese por base la independencia política del Perú. Pero, deteniéndose dichos jefes en discurrir sobre el canje de prisioneros, y sobre la calidad en que debía ser considerado actualmente el batallón de Numancia por el ejército de Lima, se tomaron tiempo para descubrir en nuestras con– tes1taciones -cuya minuta tenemos la honra de incluir a V.E. por separado- si declinábamos de los principios que han reglado hasta aquí la conducta poíltica de V.E., para salirnos luego al encuentro con la constitución española, y reno– val' las propuestas de Miraflores, más o mesos modificadas.- Ninguna explica– ción se exigió de nosotros, en la primera sesión, de la mañana, relativamente a la citada constitución; mas, no siendo difícil a los señores y jefes comisio– nados del Excmo. Sr. general La Serna, notar que en nada pensábamos me– nos que en aquel código, porque al fin no ha sido hecho por la América Independiente - iniciaron su segunda sesión, dando por asentado que los ex– tremos en que ellos y nosotros nos detendríamos frustraban todo acomoda– miento; pues ni su general prescindiría del juramento de la constitución es– pañola, ni parecía que nosotros renunciásemos las pretensiones de la inde– pendencia.- Aunque ya no es tiempo de poner en problema el sentimiento común de los americanos respecto a la constitución española, ni podríamos persuadirnos de que el señor general La Serna se hubiese prometido altera– ción alguna en las ideas de V. E. sobre la cuestión principal, nos propusimos cortar el progreso de una discusión impertinente, y declaramos que era inútil e intempestiva toda proposición conciliatoria que no partiese del reconocimien– to de la independencia del Perú, sobre el cual éramos, únicamente autoriza– dos para fijar los preliminares de paz.- Los señores jefes comisionados, abul– tando, sin embargo, las dificultades para que la América se constituye y conservase su emancipación, inculcaron en las ventajas que la reforma pe– ninsular produciría a la América, si ésta se uniese bajo unas mismas leyes; y dieron finalmente a conocer que sus instrucciones se limitaban al mismo ob– jeto que han tenido en vista todas las comisiones dirigidas a los americanos por S.M. C. y sus agentes (luego que en España triunfaron felizmente las ideas liberales); a saber: libertad imaginaria para la América, si reconoce la constitución española, o guerra permanente contra ella, usando de los mismos derechos del pueblo español, si pretende un gobierno propio y benéflco.-Los reproches con que procuramos disipar entre los señores jefes la menor espe– ranza de un avenimiento, tal cual proponían, les dio ocasión de conocer que era necesario desistir de una pretensión temeraria; y que, respetando v. E. la opinión pública, como que ha dejado de ser el patrimonio de la fuerza armada '

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