Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
204 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Adelantóse Arenales, y entró en Lima (10) por calles excusadas, recatándose de la vista del vecindario, por cuanto consideró que, si en todo tiempo manifestóse sinceramente enemigo de aplausos, exhibiciones y recibimientos, tenía que serlo aún más "en esta oca– sión, en que creía haber menos motivo" para merecerlos ( 11) . . Dos horas después (a las tres de la tarde) la división misma hizo su ingreso "con más de mil hombres menos de los que tuvo cuando salió de Jauja" (12), perdidos por deserción. Inmensa muchedumbre se constituyó "fuera de murallas", por la portada de Maravillas, con el objeto de recibir y honrar a los solda– dos independientes, rindiéndoles "muchas y particulares demostra– ciones de aprecio y entusiasmo". Por entre ese gran gentío, halaga– dos por sus "continuas felicitaciones y vivas", cruzaron aquéllos las calles capitolinas, ornadas "con vistosas decoraciones"; y, "medio desnudos, marcharon en columnas hasta sus cuarteles" ( 13). Eran, en esa fecha (3 de agosto), 4,384 hombres (14). pas fueron corrientemente pagadas en sus breves cuentas; y aún existía un sobrante de algunos miles de duros, cuando la división se incorporó al ejér– cito en Lima, el cual pasó a la comisaría general".- Todo ello fue muestra de ese "sentimiento contrario a la independencia", de que algunos escritores imbéciles, malévolos e ignorantes, acusaron y siguen acusando a los peruanos. Entre tanto, Arenales, el seco y rígido Arenales, afirma que ''la disposición mo– ral del país era excelente"; y que todo fue ayuda, protección y facilidades para los soldados libertadores. En la arruinada, incendiada y desierta quebrada de San Mateo, por ejemplo, ya de regreso de Huancayo, los pobres habitantes de la zona, saliendo de sus escondites, ''ayudan a la división con lo que pueden; y los alcaldes territoriales le prestaron cuanto servicio fue indispensable exi– gir de ellos. La franqueza y el desprendimiento con que lo ejecutaban hicie– ron innecesaria toda violencia, y a veces hasta toda apariencia d.e autoridad. Así fue cómo, en cuanto a víveres y leña, nada faltó a la división de lo preci– so".- Y si, en cuanto a forrajes, ''sólo piedras se ofrecían a la vista", con todo, "el celo de los alcaldes hizo salir, de cuando en cuando, de los rincones de los altos, algunos costales de cebada y algunas cargas de paja, con que los animales se mantenían reguiarmente''.-Memorias, págs. 178, 167 y 150, passim. (10) · El 3, según se dice en la Gaceta del Gobierno de Lima, edición ex– traordinaria (sin número) .del 4 de agosto de 1821.- Las Memorias del gene– ral no fijan fecha, y sin duda por olvido, sólo dicen que él y su división entra– ron en Lima "en los primeros días de agosto".-Pág. 175. (11) Memorias, pág . 176. (12) Id. pág. 175. (13) Id. id., loe. cit. (14) Tal es el número dado por la Gaceta oficial del Gobierno Indepen– diente de Lima; y, de consiguiente, el único verídico y exacto (V. el núrn . del 1? de agosto de 1821) .-Mitre, sin que sepamos por qué, da la suma de 2.500 soldados, que aquí debemos rectificar. Desde luego, Arenales, en la pág . 139 de sus Memorias, asienta que sus
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