Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA CONTRAORDEN Y SU RECHAZO 203 mayor dificultad para ser nuevamente tomado como teatro de opera– ciones", después de haber la división ''perdido casi todos los anima– les que traía" (8). VI Pero escrito estaba que el vencedor de Chacabuco se desdijese en el Perú de sus antecedentes; se eliminase a los resplandores de su gloria y renunciase a su misión y su destino. Maldito si el gran capitán se detuvo a tomar en cuenta, estudiar y resolver ninguna de las atinadísimas proposiciones de su teniente. Muy al contrario, encantado con la posesión de la Lima histórica, y alucinado con la falsa idea de que esa adquisición significábale el colmo de sus deberes y satisfacciones en el Perú, ni siquiera consa– gró un momento a la contemplación del contenido de los pliegos de Arenales; y, ocupado de las grandes fiestas de la proclamación de la independencia -de esa independencia nominal, ficticia y momen- 1tánea- limitóse a expedir al día siguiente, 31, la orden de que la división penetratoria replegárase sobre Lima; y a manifestar lacóni– camente a Arenales: 1? que el Callao caería ''pronto en poder de los patriotas, sin necesidad de pérdida alguna, por estar prometida su entrega"; y 2? que en cuanto a todo lo demás, ya vendría la división a la capital, para en ella, "pensar detenidamente sobre éste y otros planes" que la superioridad tenía "entre manos", a fin de acabar de– finitivamente con los realistas. VII En consecuencia de estas prevenciones (llegadas a Matucana el 1? de agosto), Arenales y sus fuerzas (~Stas últimas en el colmo del entusiasmo y la alegría) pusiéronse en marcha de la indicada pobla– ción y se dirigieron con toda calma a la capital el día 2. El 3 estaban a las puertas de la ciudad, después· de una campa– ña de tres meses largos, y una caminata, casi continuada, no menor de novecientas millas (mil seiscientos cincuenta kilómetros); sin que, durante esa ausencia no desdeñable hubiese la división costado un centavo a la caja del ejército, que antes bien, incrementó a su vuelta (9). (8) Id. id. págs. 174 y 175. (9) Dícelo literalmente el general mismo: "Los gastos que hacían las fuerzas expedicionarias a la sierra no gravitaron más sobre la comisaría del Ejército Libertador, desde que ellas dejaron la costa. Huánuco, Cajatambo y Paseo, proveyendo contingentes oportunos de dinero; y las demás provincias no dejaron también de concurrir a estos auxilios. Por medio de ellos, las tro-

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