Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA CONTRAORDEN Y SU RECHAZO 199 pas habían, así, perdido el prestigio de la victoria"; y cuando a ese sentimiento "se había sustituído el deseo de entrar en Lima"; deseo "acompañado de aquel fastidio que produce una serie de fa– tigas y privaciones sin fruto?"- ¿Volver, en fin, cuando "aún en el caso de ensayar una guerra de recursos al otro lado de la cor– dillera, ello debería ejecutarse con las tropas de preferencia, que necesitarían obrar a caballo"; y cuando "ya no había de éstos ni lo indispensable para una jornada; ni la menor esperanza de conse– guirlos de las arruinadas vecindades de la costa" (2). Esto, en cuanto al hecho esencial de la contrarretirada; que, por lo relativo a las promesas de auxilio, ya Arenales sabía bien a qué atenerse. "La propia profusión de aquéllas, atentas las dificultades que, seguramente, imposibilitarían su ejecución, era un motivo más para no contar" con su realidad; y (agrega el sesudo general) "algu– nas lecciones había recibido -en la campaña anterior penetrato– ria- para saber graduar el mérito verdadero de las mismas" (3). Para remate de calamidades en su situación actual, las filas ha– bían comenzado a clarear alarmantemente. "Desde la salida de Huan– cayo, había dejado sentir el preludio de la deserción, que fue más notable en Jauja, y 1 sucesivamente, en todas las paradas"; más aún "desde que se tomó la quebrada de San Mateo: los serranos deser– taban hacia el interior; y los que no lo eran, para Lima, sabedores de que se hallaban cerca de esta capital, o temerosos de que se re– novara la campaña. (2) En este asunto, en el cual somos antisanmartinistas declarados y ar~ nalistas abiertos, preferimos -como hemos expuesto ya- copiar literalmen– te a Arenales, para que el veredicto resultante de los argumentos aducidos y documentos dejados por uno y otro personajes, sea estrictamente crítico-his– tórico, y no opinión nuestra personal, susceptible de sospechas y de tachas a capricho. (3) Recuerda Arenales, a este propósito, lo siguiente:- ''Cuando salió -dice- de Pisco para atravesar la sierra, fue acordado por el general en jefe que, pasando él a la costa del norte, donde debería efectuarse la reunión de ambos, destacaría inmediatamente una división sobre la sierra, para impe– dir que el enemigo cargara con fuerzas considerables sobre aquel general, fa– cilitar su comunicación, reunírsele para asegurar el éxito del plan, etc. El general en jefe dio la vela de Pisco el 25 de octubre, ancló en el Callao el 29 y en Ancón el 30, y el 9 de noviembre en Huacho. Pasaron, en seguida, como otros tantos días, hasta que se aprontó una división de 600 hombres, al mando del coronel Alvarado. Este jefe abrió su marcha en Huaura, y a pocas horas se le mandó regresar desde la hacienda de Umaya. Después de esto, no se pen– só má.s en esta expedición. El general en jefe no tuvo noticia alguna oficial de Arenales, desde su separación hasta la víspera de recibir el parte de la victoria del Cerro. Sin embargo, si este general hubiese sido batido en aquel punto difícilmente habría podido preservar su reputación". Memorias, págs. 169 y 170, nota.

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