Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
196 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ apropiada para tramontar los Andes (de Junín a la costa), y que constituyó la más empinada cumbre de la cadena occidental; cum– bre que se coronó por las tropas a la hora zenital de un día de sol, "despejado, sereno", luminoso, y en que "ninguna ocurrencia des– agradable hizo sentir que se pasaba la cordillera" (15). Cruzóse por Casapalca (4,215m.), en pleno descenso ya; y se durmió, más acá de aquel poblacho, ''en los caseríos de unos ingenios minerales, a lo lar– go de la quebrada de San Mateo". Desde Casapalca, el general despachó, camino de Lima, al gober– nador patriota de Tarma, entonces coronel don Francisco de Paula Otero, sujeto serio, prudente, honrado, valeroso, que, por estas cua– lidades, además de las del paisanaje, habíase conquistado la estima– ción y la confianza de su superior. Claro es que la misión de Otero era principalmente para San Martín, haciendo ante éste el papel de carta viva, que lo impusiera de todo lo ocurrido antes y después de la retirada de Jauja, explayando y confirmando todas las co– municaciones por el general en jefe recibidas. VIII El primer pensamiento de Arenales en Casapalca fue seguir has– ta San Mateo, pueblo emplazado todavía a una altura no menor de 3.430 m., para descansar en él el 25, y aguardar "nuevas órdenes"; pero, habiendo bajado en persona a reconocerlo, encontró "su posi– ción mal segura, por muy honda; estrecha y con varias avenidas do– minantes, mientras que otras laterales, más abajo, la dejaban expues– ta a una intercepción". Halló, asimismo, que "sobre todo, el tempe– ramento era aún muy ingrato y extremadamente frío"; por lo cual, resolvió, al día siguiente, "continuar hasta Matucana" (16). Costeando, pues, el sinuoso curso del modesto Rímac, cuyo naci– miento hállase en los parsimoniosos deshielos de aquellas nevadas y solitarias alturas; cayendo y levantando por declivios y laderas, en una senda cuyas escabrosidades y asperezas sólo pueden imaginar quienes cruzáronla con anterioridad a la construcción del estupendo ferrocarril central ( 17); llegóse el 25 a Matucana, a 2.336 m. de al- temperie, que también parece robarla su movedizo apoyo; de modo que su actitud es imponente y amenazadora, colocada al borde d e una pendiente, cuya profundidad representa un abismo''.- Id. id., pág . 164. (15) Id. id., pág. 163 . (16) Id. id., pág. 167 . (17) A las dificultades peculiares del terreno, uníanse las derivadas de las necesidades de la guerra: ''La división, en efecto, encontró aún rotas y pei– nadas algunas laderas; r eliquias de las hostilidades de las partidas de mon-
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