Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE JAUJA A MATUCANA 195 en el mencionado pueblecito de Yauli, súpose, por comunicaciones directamente venidas del cuartel general capitalino, que el encuentro en cuestión sería imposible. ¿Por qué? Porque La Serna, terriblemen– te combatido en su primitiva ruta por los yauyinos, ''tan belicosos como patriotas", y rechazado por "una general y: obstinada resisten– cia, que, causándole grandes pérdidas, obligóle a abandonar el paso que buscaba" (11), había renunciado a seguir por Yauyos; retrogra– dado a Cañete; hecho una conversión sobre el puente de Lunahuaná y tomado la misma vía que Canterac para llegar a Huancavelica, por Topay y Turpo. Desde ese momento, desvanecidas totalmente cualesquiera ex– pectativas de choque y de triunfo por parte de los independientes, ya no se pensó sino en llegar a Lima (12). El estado de la división así también lo exigía; ''las tropas estaban descalzas y desnudas: no se veía más que pantalones de brin hechos pedazos, a través de cuyas roturas el soldado mostraba sus carnes, expuestas al rigor de la intemperie" ... (13) VII El 24 de julio se ascendió de Yauli a Piedra-parada ( 14), o sea al abra de pasaje, preferida habitualmente en ese entonces, como más (11) Id., id., págs. 155 y 156 .. ( 12) Todavía, dice Arenales, "ocupó algunas horas en emprender otro movimiento, que tal vez habría dado que hacer a Canterac; pero del que se retrajo por el cansancio de sus tropas, a causa de las marchas anteriores, su completa desnudez y falta de calzado, y, más que todo, por la desaparición y aniquilamiento de los animales". Id. id., pág. 159.- El otro movimiento de que en lo precedentemente trascrito se habla, consistía en "faldear, desde Yauli, por la ribera del Río Grande, y apoderarse anticipadamente de las pam– pas de Reyes, hasta ver el nuevo aspecto de las circunstancias". Pero (apar– te las circunstancias, ya expuestas, de cansancio y desnudez), "al mismo tiem– po que esta empresa imponía (al general divisionario) una nueva responsabili– dad, presentaba el muy probable riesgo de quedarse sin un solo animal útil, y de excitar algún descontento perjudicial en las tropas"; fuera de que, "situán– dose en aquella extremidad, se quedaba ya muy lejos del general en jefe, que, empezando a reunir sus elementos militares en Lima, colocaba a Arenales en el fundado recelo de no ser prontamente auxiliado con lo necesario". Id. id., loe. cit. (13) Id. id., pág. 167. (14) Llamábase así aquel portachuelo, ''con motivo de rma formidable pie– dra (hoy mismo existente), singularmente acomodada a un lado del camino, como a legua y media de la cumbre, al O. La piedra es de forma paralelipí– peda, y parece una gran caja. Su fase principal, que mira al camino, tiene como tres varas de base y seis de altura. Las fases laterales, la superior y parte de la posterior, están del todo descubiertas, por la constante acción de la in-

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