Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE JAUJA A MATUCANA 193 intensificar la defensa, siendo así que la entrega misma de sus hom– bres jóvenes, animales y toda clase de elementos, desnudábalos de todo recurso contra los invasores, ya próximos a sus hogares? Con– fiesa el general que "no le fue posible escuchar sin conmoverse aque– llas imprecaciones", formuladas simultánea y patéticamente "en qui– chua y castellano"; y sólo, dice, "pudo desembarazarse de aquel lan– ce patriótico, satisfaciendo, en cortos y enérgicos conceptos, la ansie– dad del pueblo", afirmando que partía al encuentro de la división del virrey, con el firme propósito de batirse en plena marcha (5). V Ascendióse parsimoniosamente la fragosa sierra de Cachicachi; ramal altísimo de la cordillera, interpuesto, como un muro, entre Jauja y Tarma; atormentado por una temperatura glacial; azotado sordamente por ventarrones huracanados; y desnudo de toda clase de recursos; más que todo esos leños clásicos y de campaña, que, en pirámides huecas, y encendidos en infernales hogueras, que se yer– guen en fumarolas y llamaradas, son abrigo, centro y alegría del vivac. Allí, sobre esas cumbres abiertas, se formó pabellones a las tres de una tarde lluviosa y triste, teniendo por único refugio una casa– hacienda "abandonada". Era el mismo 20 de julio; y no encontróse, para atizar un mediano fuego, más que champas, o sean terrones con céspedes o chamizas pigmeos adheridos, de esos que "los naturales acopian en sus casas, haciéndolos secar para sus usos domésticos" y único "combustible empleado en gran cantidad en los ingenios mi– litares" (6) . En momentos de asaltar ansiosamente los paredones de Cachica– chi, dióse Arenales con una grata a la vez que dolorosa sorpresa. En la hacienda acampaba también, acabado de llegar en busca suya, el batallón número 2 de Chile, enviado en pos de más propicios climas por el general en jefe. "No contaba ya, dice el general divisionario, más que con unos cincuenta hombres de fuerza, los más enfermos, y apenas si conservaba la apariencia de un cuadro"; por lo cual "para que no sirviera de estorbo" (así en la marcha como en el encuen– tro que la tenacidad de Arenales pretendía trabar con el virrey), "se le mandó regresar inmediatamente a San Mateo", de donde proce– día (7). (5) Op . cit., pág. 152 . (6) Frase del propio Arenales, op. cit., pág. 153. (7) Id. id., loe. cit.

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