Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
192 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ plena operac10n retrogradatoria, con el adversario, que en esos momentos parecía, precisamente, empeñado en colocarse sobre su camino, y ofrendarse al choque en que Arenales tenía ardientemente puestas la ilusión y la esperanza (4). IV Con estos pensamientos, Arenales, que debía partir el 20 de julio en pleno día, determinó hacerlo anticipadamente, desde la madru– gada; y, efectivamente, horas antes de romper la aurora, la división estaba en movimiento, abandonando sus cuarteles de Jauja, y per– diéndose por las alturas del oeste, hacia la costa. El general, a eso de las seis, cabalgó a las puertas de su alojamiento, en la plaza de armas; pero apenas si pudo tomar la carrera, porque multitud in– mensa de vecinos notables y de pueblo -principalmente aquellas familias y personas acomodadas que, anhelosas de su protección y resueltas a seguir la suerte del Ejército, habían venídose con este último desde Huancayo- formáronle un muro constrictor, en que, con gritos, lágrimas, protestas y lamentos, echábanle en cara ese abandono y suplicábanle no realizarlo. ¿Cuál sería su situación, de– cían, al presentarse en aquellos pueblos las fuerzas españolas? ¿No serían inmediatamente víctimas de su venganza? ¿No había el gene– ral en jefe prometídoles, en la proclama de 20 de abril, expedida en Huaura, que la división puesta ya en marcha, "no los abandonaría hasta haber puesto la existencia y la libertad de los habitantes del centro al abrigo de la opresión"? ¿Cómo, pues, se les dejaba así en la impotencia y en el desamparo, cuando todo lo habían facilitado para serían otros tantos insuperables obstáculos a los planes ulteriores del Gobier– no Libertador. - 6~ Que, en el mismo orden, las tropas sucumbirían a las en– fermedades provenientes del clima y de la relajación de las costumbres; sea por esto o por apego que inmediatamente infunde la residencia en las pobla– ciones, a proporción que más abundan los atractivos y goces, y después de gran– des fatigas, sería difícil, a su vez, sacar de la capital la mitad de las tropas que hubieran entrado en ella'' ... En sus M·emorias, después de esto, Arenales hace un paralelo entre su modo de pensar acerca de la campaña del Perú y el del general en jefe; trozo interesante a que nos referiremos en otro lugar .-V. todo en la cit. obra, ed. de 1920, páginas 144 a 151. (4) "Marchando por La Oroya y Yauli, se satisfacía al general en jefe tan pronto como lo deseaba; y se procuraba, al mismo tiempo, la coyuntura de sellar esta campaña con un suceso memorable''.- " ... Dejando a La Ser– na aproximarse a Jauja sin oposición, sería consiguiente su reunión con Can– terac; y, en tal caso, aun cuando fuese posible evitar un compromiso, sería siempre indispensable el desalojo de aquellas provincias. Eran, pues, mani– fiestas la precisión y la ventaja de buscar al virrey a la mayor distancia de Jauja y atacarlo con decisión".- Memorias, p. 148.
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