Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE JAUJA A MATUCANA 191 Entonces fue cuando hizo a su jefe nuevas y atinadas observa– ci~nes; e~o, sin dejar de someterse a su voluntad (3). Sólo que, ilu– mmado siempre por el plan y el propósito en esa misma fecha con– cebidos, encontró posible, en todo caso, conciliar la obediencia al superior con su decisión de batirse, haciéndose el encontradizo, en (3) ·:Arenales dictó, en aquel mismo día, un detenido informe, en que, desenvolviendo su opinión y miras acerca del estado presente de la campaña, representó a S. E., en términos claros y precisos, las funestas consecuencias que. podrian sobrevenir, si la división evacuaba la sierra, por cualquiera di- rección que fuese. Sin reparar en la repetición con que había recalcado estas ideas, consideró de su deber reproducirlas con la posible extensión, ya que las ÓDdenes de S. E. parecían indicar un partido decisivo, antes que fuera imposible reparar la falta, si en efecto resultase así por el desalojo y abandono de la sierra.-El informe abrazó principalmente las siguientes obser– vaciones:- 1~ que, al abrirse esta campaña, S.E. había hecho entender solem– nemente a los departamentos de la sierra, que la división libertadora no los abandonaria, hasta haber puesto su existencia y libertad al abrigo de la opre– sión. En tal concepto, los habitantes se habían comprometido en masa, fran– queando todo género de recursos, sacrificando sus pueblos y fortunas, entre– gando los reclutas que se les había exigido, y aun estaban dispuestos a entre– gar más, si fuera necesario. En igual concepto, el mismo general Arenales sentía comprometido su honor y crédito militar, en sostén de aquellas prome– sas, no menos que el brillo de las armas que estaban a sus órdenes. - 2' que, pasando al otro lado de la cordillera, seria inevitable la deserción de los natu– rales, que formaban hasta la mitad de sus fuerzas, lo que valdria la pérdida de más de dos mil soldados jóvenes, que a poco más de servicio, serían exce– lentes veteranos; mientras que, en contrario caso, si Arenales era apoyado en sus posiciones y auxiliado con los artículos necesarios, él aumentaria inmedia– tamente las fuerzas a un número mucho más crecido. No menos inevitable seria la pérdida de los animales de silla y carga; lo que, además, imposibili– taría nuevas operaciones en lo sucesivo, supuesto que en la costa e.ra mucho más dificil proporcionarse auxilios de ·este género .- 3~ que un comporta– miento semejante por parte del Ejército Libertador (salvo que fuera exigido por combinaciones de un orden más acertado), produciría entre los habitan– tes el resentimiento, la desesperación y la incredulidad para lo futuro; cir– cunstancias que serían tanto más dañosas al Ejército Libertador, cuanto ma– yor cuerpo tomarían por las circunstancias posteriores, de las que los espa– ñoles sabrían sacar el mejor partido, para anular por todos los medios los es– fuerzos de la opini6n .- 4~ que el enemigo iba a quedar en pacífica posesión de un vasto territorio, subyugando a numerosas poblaciones, y disponiendo de los cuantiosos recursos en él contenidos. Que la capital continuaría privada de éstos· y a corta diferencia, no experimentaría una mejor situación a este respecto: q~e cuando estuvo en poder de los españoles, lo que también sería perjudicial al crédito y las operaciones del Ejército.- s~ que, replegando todas las fuerzas en Lima, no tardarian en ser contagiadas por la laxitud y demás vi– cios dominantes en una gran población: el espíritu marcial declinaría; la dis– ciplina se pervertiría; y, seguidamente, las exigencias de un sinnúmero de intereses, las murmuraciones, el descontento y las rivalidades, como conse– cuencias precisas de la inacción en el centro del lujo y de las comodidades,

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