Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

CAPITULO VII LA RETIRADA. DE JAUJA A MATUCANA. I Cada vez más consternado al ver desaprovechada y decidida– mente perdida la brillante oportunidad de vencer a Canterac y a La S.erna, sucesivamente o en detall -conternación reagravada con las nuevas traídas por la vanguardia ( 1)- Arenales decidió perma– necer todavía en Jauja hasta el día siguiente (20 de julio); fecha pa– ra la cual expidió la orden de partida hacia la costa, con toda la desgana y displiscencia de quien, a pesar suyo, se arranca a una ha– ] agüeña ilusión y a una última esperanza. Obsedido por uno y otro es– tímulos, ha ocupado los postreros días, con ardor febril, en perfec– cionar los acantonamientos, en acopiar forrajes y víveres, en reclu– tar mayor número de hombres y en requisar buena cifra de anima– les. Nervíoso e inquieto, silente y malhumorado, trabaja, trabaja, como si nunca hubiese de moverse y hallárase resuelto a aguardar, a pie firme, la contraria embestida, para vencer y morir en la deman– da. Algo secreto decíale que, todavía, pudiera suceder que sobrevi– niese una oportunidad (de esas que la casualidad o la fortuna ofren– dan sin saber por qué), en que reponer las cosas a su anterior favo– rabilísimo terreno, obteniendo, con cualquier esfuerzo, una compen– sación de las amarguras y los desvelos soportados. (1) Ya a las puertas de Huancavelica, Alvarado había hasta iniciado tiro– teos con el primero de aquellos generales españoles, que eludió empeñar un choque; y, según todos los datos recogidos acerca de sus fuerzas, venían estas últimas cansadas, sin parque, sin animales (todos estropeados por la terrible caminata que acababan de hacer) y grandemente disminuídas por las desercio– nes. V. Memorias ae Arenales .-Carratalá, que había huído hasta Huaman– ga (Ayacucho), sólo se reunió a Canterac dos días después.- Id. id.

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