Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
188 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ gran país; y éste, metido en la trampa en que debía consumirse su ejército, desmoralizarse su causa y apagarse su pr~stigio militar"; sólo que este autor extiende la responsabilidad a Arenales, asentan– do que "si la orden de San Martín fue desacertada", y éste "no de– bió poner en caso tan apurado a un soldado que hacía consistir su orgullo en la inflexibilidad de su carácter militar", estando esta vez "las probabilidades por Arenales, y quedando siempre, en las ope– raciones de la guerra, una parte a lo desconocido", el "proceder de éste último general fue débil", porque "no se atrevió a asumir la responsabilidad de un revés"; porque "dio sentido bien estrecho a sus instrucciones"; y porque, en fin, "en vez de ceñirse a la letra de las órdenes superiores, debió interpretarlas con la libertad que compete a un jefe de su graduación, remediando el error cometi– do dos veces por San Martín" (8). X Los españoles no ocultaron jamás la sorpresa que les causara el alejamiento de la división Arenales, sin combatir; siendo así que, en la retirada de Lima, aparte de las mortificaciones de todo orden que en las guerrillas y en los pueblos del tránsito encontraron, esa división, con el legítimo temor de encontrarla cerrándoles el paso, fresca, numerosa, bien disciplinada y potente, constituyó en todos los instantes su horrorosa pesadilla. Uno de sus escritores refiere que "Arenales no supo sacar partido de su superioridad de fuerzas ni de su ventajosa posición con tropas descansadas y bien manteni– das" (9); y el propio Canterac, un trienio después (a raíz de la ba– talla de Ayacucho), "confesó al general Sucre que no sabía cómo Arenales no le atacó en aquella vez; que siempre se había asombra– do de la repentina retirada de los patriotas; y que tuvo por cierta su derrota, si se le hubiese comprometido en un ataque, cuando tampoco podía eludirlo, a causa del mal estado de sus tropas Y animales" ( 10). (8) Op . cit., t. II, pág . 195. (9) García Camba, Memorias, t. I, pág. 399 . (10) Así se lo refirió Sucre a Arenales, dos veces, en Chuquisaca Y en Potosí.- Memorias del segundo, págs. 141 y 142 .
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