Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
ARENALES Y SAN MARTIN 187 do desatinadamente en la inacción y la indiferencia que, al contra– rio de lo revelado por su conducta en Chile, parecieron constituir su sistema de guerra y de gobierno en el Perú. Ello es que los sanmartinistas más recalcitrantes, como Paz Soldán, Miller: Mitre y Bulnes, no han podido, en modo alguno exculpar a su héroe preferido, del gravísimo y condenable yerro por él cometido en este momento histórico, tal vez decisivo para la suer– te y la dignidad del pueblo de los Incas. El primero asienta que San Martín "estaba embriagado en Li– ma, al verse poseyendo la ciudad que tanto tiempo había deseado do– minar"; y declara francamente que "los resultados justificaron el parecer de Arenales"; agregando, para terminar, que, "de cuantos cargos se pueden hacer" a ese gran capitán "en su conducta como guerrero en el Perú, ninguno es más grave y fundado que éste de ha– ber ordenado la retirada tan anticipadamente". y "liaber desoído el juicioso parecer del viejo general" que le obedecía (5). Para Miller, "el virrey tuvo bastante fortuna en poder alcanzar el valle de Jauja, donde concentró sus fuerzas; y tanto él como Can– terac y Carratalá lo fueron aún mucho más en no haber sido ataca· dos por el general Arenales, cuya división se componía del regimien– to de Granaderos a caballo, y de los batallones de Numancia, Ca– zadores, num. 2 y 7, formando un total de cuatro mil trescientos hombres. Con esta fuerza, agrega, pasó nuevamente la cordillera Arenales, y llegó a las inmediaicones de Lima el 26 de julio. De este modo, concluye, los patriotas abandonaron las importantes provin– cias de la sierra, de las cuales tomaron tranquila posesión los rea– listas en divisiones aisladas; y este incomprensible error, de parte de los patriotas, compensó a sus enemigos de la pérdida de Lima" (,6). Mitre, después de ponderar las previsiones de Arenales, y su golpe de vista militar, acertadísimo y admirable, confiesa que aquel general ''veía más claro que San Martín" (7). Y, en fin Bulnes, recordando que "todas las causas tienen un momento decisivo", y asegurando que "ese fue el momento de con– cluir con el poder español en el Perú", deduce categóricamente que ''el error de aquel día llevó en su seno una cadena de nuevos esfuer– zos" y que "a él se debió el que, postergándose la guerra sin objeto, diese una vuelta la situación adquirida, dejando a los españoles due– ños de la sierra, y a San Martín en Lima; aquéllos, dueños de un (5) Op. cit., t. I, pág. 182. (6) Memorias, t. I, ed. de 1829, págs. 321 y 322. (7) Historia cit., t. III, pág. 142.
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