Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

184 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ inconsultas determin,aciones del generalísimo, en forma que mal po– dríamos resistirnos a consignar. Pieza es, ésta, tanto o más notable que la precedente; consistente, ya no en una comunicación oficial, sino en una simple carta, que, con la anotación de reservada, y dan– do, por su índole, amplia cabida a mayores confianza y franqueza que las permitidas por un documento solemne y de rigor, abrió de par en par las puertas de la sinceridad a las reflexiones del subal– terno, considerado, pero consciente, y al militar, así de carrera co– mo de honor ... VI "Mi amadísimo general -dice aquella carta-. A las cinco de la mañana, con el pie . en el estribo y cuando, a las cuatro, había salido ya toda mi tropa, de la principal masa, en el cauce de la vanguardia, que llegó ayer al punto de I zcuchaca, he recibido la t;,Stimable de Ud., de 6 del corriente, y, con ella, dos extremos opuestos: celebrando la ocupación de Lima por Ud.; y sintiendo íntimamente las consecuencias que precisamente vamos a tocar después que tantísimas veces las hemos advertido, como que eran consiguientes e infalibles; y, sin embargo, no hemos puesto en eje– cución las medidas tan obvias para precaverlas". "Ud. me dice que acabaron de abandonar la capital los ene· rr.:igos, y se dirigían para la sierra; mas ni siquiera me indica por qué rumbo hayan tomado su dirección; y, en esta duda, si vienen a reunirse con Canterac, no puedo hacerles frente, arreglándome, como debo, a las prevenciones de Ud.; y, si vienen a caer sobre mi f Zanco o retaguardia, rigorosamente debo retroceder, al menos has· ta el punto en que deje franca mi retirada; por cuyas consideracio· nes, he hecho regresar la fuerza que viene conmigo; y pasado órde· nes a la vanguardia, para que se repliegue sobre mí; y, en seguida hacer el movimiento de precaución; pero no puedo significar a Ud. cuánto siento este acontecimiento, por las consecuencias que pre– cisamente vamos a tocar, muy a nuestra costa y de los sacrificios del país". "Dispénseme Ud. que le hable con esta franqueza. No sé por qué no se han oído las observaciones, tan obvias y convincentes, que, con demasiada repetición, le he significado". "¿Qué ganará nuestro ejército con entrar a Lima, a ape~tarse y acabar de destruirse; cuando, con progresos y grande utilidad podía ya estar convalecido en las inmediaciones de la sierra? ¿Qué sucederá de las tropas de esta división, con mil y quinientos re-

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