Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
182 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ lo contrario, la guerra se va a dilatar mucho, por un orden regular, y el resultado se pone en duda. Así es que, por todas las apunta– das razones, parece que, en fuerza de los intereses del país, y del honor de esta división y de todo el Ejército, debo decidirme a dar el golpe que parece más probable en su éxito, o menos aventu– rado" ... En esta parte, Arenales es un profeta. La guerra de la inqepen– dencia del Perú se prolongó mucho tiempo más; el adversario, rehe– cho y poderoso, puso en riesgo muchas veces la causa de la autono– mía del Perú; y sólo cuando Bolívar, con su vista de águila, llevó la contienda al terreno mismo señalado por Arenales, cuidándose bien poco de la capital y de su costa; sólo entonces, decimos, fue la libertad peruana una realidad y tuvo un término dichoso la serie de calamidades caídas sobre el Perú por culpa exclusiva del alucina– do y adormecido héroe de Chacabuco y de Maipú. IV "Una de dos -sigue Arenales, explayando la ya planteada dis– yuntiva-: o yo emprendo mi retirada por Paseo, sea -a Canta o a Oyón, por donde los recursos son sumamente escasos, y el tempe· ramento muy duro para la tropa, a fin de mantenerme por aquella parte, con la precisa calidad de que venga a reunírseme toda la fuerza disponible del ejército, sin dilación, y antes que los ene– migos reúnan aquí el suyo; o es inevitable que yo avance sobre Huancavelica, o tal vez sobre Huamanga, a batir a las primeras fuerzas que vienen allí, a reunirse con Carratalá; aunque siempre, en caso apurado, tendría que pasar la cordiller-a por aquella parte, para caer sobre la costa por Castrovirreina y otra dirección equi· valente". Conclusión: "El objeto principal y más interesante que en el día se nos presenta, parece ser, sin duda, el de impedir la reunión de las dos divisiones enemigas y cortar su comunicación, mientras no se pue– da batir, con probabilidades de buen éxito, a una de ellas; pero, para esto es indispensable y de urgente necesidad que toda la fuerza de que V.E. puede disponer, en concepto de necesitarse muy poca en Lima, la haga venir, sin pérdida de momentos y con la mayor aceleración, a reunirse por Lunahuaná y otras direcciones. Para entonces, daría mis repetidas instrucciones para sus marchas,· y de tal manera, a mi parecer, que, aun en el caso 'de serme preci– so ponerme, por la parte hacia Huamanga, entre el general Ramí-
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