Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

180 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ tomando el camino de Lurín,· y que quedaba la otra en disposi– ción de marchar por donde llevo indicado; pero algunos, y aun V.E. (en la ~uya, del 17), me habían hecho entender que la fuerza que dejaban los enemigos, para echarla directamente sobre mi flanco o retaguardia, era sólo de mil quinientos hombres; y que todo lo demás marchaba, por el expresado rumbo de Lurín, como a ponerse por mi frente. No me pareció creíble esta medida, por varias reflexiones; sino que debería ser al contrario (según ya también lo signifiqué a V.E.) esto es, que, en mi concepto, los enemigos echarían una división más débil, a engrasarla con Carra– talá en Huancavelica; y que la fuerza. de toda la demás tropa se destinaría a cortarme la retirada, y batirme con seguridad.- Por partes efectivos que acabo de recibir, se confirma este plan; pues en ellos se me asegura, de (modo) positivo, que habiendo empe– zado a salir de Lima tropas el 25 del precitado mes, por el camino para Cañete; a saber: cuatrocientos de caballería, de "Dragones" y de la "Unión", y seiscientos de infantería, de "Burgos", al man– do de don Agustín Otermín -marchaban también, detrás, cua– trocientos del "Infante"; y todos, según dichos partes, se dirigían por Lunahuaná a Vinac (Huinac). A esta fecha, deben estar pró– ximos a Huancavelica, siendo su total número el de 1.400 hombres". El sesudo general plantea, en seguida, el problema militar que tiene que resolver; y, contemplando sus dos extremos, en disyunti– va inobjetable, vívida, evidente, dice: "Supuesto esto, de que ya no me queda duda, llegamos a com– firmar que las demás fuerzas con que cuentan los enemigos para dirigirse a mi retaguardia, son de tres mil seiscientos hombres; y, por consiguiente, resulta -en primer lugar- serme absoluta~ mente necesario, o abandonar la sierra, o decidirme a batir aque– llas fuerzas, con lo que menos se aventura un ataque. Ya se deja 1 1 er que La Serna, después de haber logrado la reunión con Carra– talá, de las fuerzas venidas por el sur, debe venir con su masa a ocupar precisamente estos puntos; y, si no se embaraza esta ope– ración concentrada, las consecuencias consiguientes son muy claras" ... Examina después los dos extremos de la disyuntiva, para de– ducir las aludidas consecuencias con una lógica que, en verdad, no admite réplica: "Evacuar yo la sierra, por cualquiera parte que haya de tener que atravesar la cordillera, trae el preciso resultado de perder la opinión, perder la caballería, estropear la tropa, perder mil quinien– ws reclutas , todos los recursos; y, por último, esta división sabe Dios

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