Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
'174 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ ble, ya que, ''si tales datos hubieran llegado con la intempestiva noticia, probablemente ésta no habría causado tan irreparable daño; porque, un día después, la división habría llenado su misión con ho– por, y seguramente con buena fortuna" (7). VII Eilo es que Arenales, ante la comunicación de San Martín, viose perplejo, "no siéndole posible atinar con el partido que debiera prefe– nir en tan crítica circunstancia"; por lo cual, discurre es las Me– morias, de este modo; "Es fácil figurarse a un general que se pone en marcha sobre el enemigo" y que está "en vísperas de un com– bate contra éste, buscado con las mejores probabilidades; y, cuando todos los instantes empiezan a ser de una importancia decisiva, vese doblemente enredado, de una parte, con la noticia indefinida del mo– vimiento de otro cuerpo contrario (el de La Serna), suficientemente fuerte; y, de otro, con la superior instrucción de no comprometerse sin la completa seguridad del triunfo". - "Su conducta, desde enton– ces, dice, ya no pudo ser sino en el sentido de una retirada, evidente– mente antimilitar; pero estrechamente prescrita por el deber de la subordinación y el peso de una grave responsabilidad". . . Con el cual motivo, después de todas estas reflexiones, amargamente excla– ma: "Hizo bien Napoleón en no dar jamás instrucciones a sus gene– rales, limitándose a mandarles marchar y vencer", y nada más (8). VIII Creyó en esos momentos Arenales, que, ante todo, debía suspen– der la marcha emprendida, cosa que practicó, como ya se dijo, pre– sentándose él mismo ante sus tropas y dándoles la orden de retrogra– dar y acantonar de nuevo en la ciudad; y luego, procurarse alguna luz, algún consejo, acudiendo a la opinión y a la experiencia de sus subalternos, quizá, con más reposo y menos inquietud que las suyas, capaces de ver y penetrar más diestramente en el nebuloso laberinto -1e incertidumbres y vacilaciones soliviantado en su ánimo. Así que, \apenas reconstituidos los cuerpos expedicionarios en sus cuarteles, convocó una junta de guerra. En esa junta, al contrario de lo que él ~reía y esperaba, "la perplejidad y confusión fueron a su turno ge– nerales". Dos cosas, nada más, pudo sacar en limpio: primera, que "nadie quería volver atrás"; y segunda, que todos, no obstante, con– currían en el "evidente riesgo de continuar" las operaciones inicia- (7) Memorias, págs. 135 y 136, passim. (8) Id . id., págs . 135 y 137, passim.
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