Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
ARENALES ANTE LA RETIRADA REALISTA 173 aclamaciones de alegría y locos transportes de entusiasmo. En ese momento, más que nunca, siéntese cada cual capaz, no de una, sino de cien victorias. Derrotadas las dos fracciones en que el adversario se ha distribuido para escapar de la adversa capital, ¿qué queda del ;poder y de la ·dominación realista en el Perú? Algunos días, algunas .horas más de fatiga, esfuerzo y sacrificio, y la independencia del pueblo de los Incas, objetivo único de la expedición emprendida el 20 de agosto de 1820, se habrá consumado. Tal es el espíritu de aque– llos valientes, en que no cabe la menor duda del triunfo, esta vez, para ellos, seguro e irrevocable. Pero, de repente, ganadas ya en la caminata algunas millas, el propio Arenales se presenta ante las asom- bradas filas e imparte la orden incomprensible de hacer alto, prime– ro, y de retrogradar en seguida. ¿Qué es, se preguntan todos, lo que ha pasado?. VI Ha ocurrido, en resumen, que, con la comunicación oficial, parti– cipante de la gloriosa aunque incruenta ocupación de Lima, ha llega– do carta privada de San Martín en que aquél "recomienda encarecida– mente a su teniente, no comprometer la división, de ningún modo, en un combate", mientras no existiese "la completa seguridad de ven– cer"; llegando al extraordinario extremo de prevenir que, si la divi– ¡sión penetratoria "fuese buscada por el enemigo, pusiérase aquélla inmediatamente en retirada, ora hacia el norte, por el pueblo de Pas– eo; ora hacia Lima, por la quebrada de San Mateo"; disyuntiva en que la elección "dejábase a la discreción y prudencia" del coman– dante en jefe divisionario. Grandes fueron la extrañeza y la pena de este último, cuando pal– pó la imprevisión e inexactitud de las razones alegadas por el gene– ral en jefe, en aquella fatídica comunicación, para explicar, sin con– seguirlo satisfactoriamente, el corte inopinado y desastroso que así descargaba inconsultamente sobre una campaña emprendida bajo augurios tan felices, y en ocasión y con circunstancias tan próximas cuanto favorables. Esas razones reducíanse a afirmar, antojadiza– mente, que "los enemigos, dejados a su propia cuenta, no tardarían en verse completamente anulados"; puesto que, "alejándose de las costas, y privándose, con ello, de todo auxilio marítimo, colocában– se en un país que los aborrecía y les hacía toda especie de guerra". Esto, dice literalmente Arenales en sus Memorias, "sin decir el cami– no que hubiese tomado el virrey; ni qué cosa pudiera traslucirse de ·sus planes; ni qué fuerzas tenía; ni qué disposiciones hubiéranse to– mado (en la costa) para perseguirle"; cosa verdaderamente lamenta-
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