Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

172 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ nales y ''destacados por éste en los diferentes pasos inmediatos" (2), anunciaron que Canterac tramontaba a la sazón las rudas crestas con– ducentes a Huancavelica, ciudad a la cual descendería en breve tiem– po más; y el virrey, salido de Lima, días después, aproximábase par– simoniosamente en la misma dirección. La orden instantánea de vol– ver a las filas y marchar sin demora en pos de las tropas reales, fue "un nuevo motivo de festejo y de alegría" (3). En medio de estruen– dosas aclamaciones y de vivas, y seguidos en montón por todos los concurrentes a la fiesta social, los jefes y oficiales independientes constituyéronse en sus cuarteles, "vestidos de parada", tales como ha– bíanse ostentado en la grata reunión. A las cuatro de la madrugada, a mula ya la artillería y casi to– talmente cargada la impedimenta, rompió el paso la infantería, en medio de grandes manifestaciones públicas, como que en aquella no– che nadie pensó en dormir dentro de la patriótica ciudad; y al .rayar ia aurora del 13 (4) el mismo Arenales, "penetrado de que la cues– tión decidiríase antes de las cuarenta y ocho horas" (5), requirió su bridón para emprender el viaje. Ya había estimulado al bruto con los ruidosos espolines; ya tomaba las calles conducentes a extramu– ros, para perderse por la senda del sur, en pos de sus valientes; ya daba su adiós a quienes le seguían de cerca y vitoreaban -cuando, ¡oh contrariedad!- con aquel grupo, aun más delirante en sus mani– 'festaciones, y empeñado, esta vez, a grandes voces, en que el general se detuviera y aguardara, presentóse inoportuno chasqui (6) porta– dor de pliegos del general en jefe, en que éste (como el chasqui mis– mo lo hacía verbalmente) anunciaba la inesperada, la enorme noticia de la ocupación de la capital del Perú por el Ejército Libertador. V La nueva se propaga como por encanto, corre de boca en boca, Y en un instante, alcanza a los cuerpos en marcha, que rompen en (2) Id. id., loe. cit. (3) Op . cit., pág. 134. (4) Hay contradicción saltante entre la determinación de horas y fechas ,en las Memorias de Arenales, y la que éste mismo fija en sus documentos. Por supuesto, preferimos lo apuntado en estos últimos, como redactados en el acto de efectuarse los sucesos que los motivaron, porque en ellos no cabe duda alguna, y más bien podremos abrigaría respecto de los apuntes en que basóse la redacción de aquellas Memorias más tarde. (5) Id. id . (6) "No era aún de día cuando el general Arenales montó a caballo para alcanzar los cuerpos en marcha; pero, a pocos instantes, fue detenido por la llegada de un chasqui, entre un fuerte bullicio de la gente que lo seguía". - Id . id ., loe. cit .

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