Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
ARENALES ANTE LA RETIRADA REALISTA 171 del batallón Cazadores del Ejército, camino de Huancayo y de Izcu– chaca, para interponerse en las rutas conducentes de occidente a Huancavelica; impedir la junción de la expedición sobreviniente con la columna de Carratalá; y arrancar sobre la primera el anhelado triunfo, matemáticamente calculado, y por tanto infalible, dada la desastrosa situación, ya explicada anteriormente, en que, sin lugar a la mínima duda, se aproximaría e] adversario. Esa vanguardia, como de costumbre, iba a las órdenes del indefectible Alvarado, instruído de no marchar más que "a jornada regular", sin extravíos ni apresu– ramiento, y que, concordante en su convergencia con la que a la sazón practicaba el enemigo, llevase a la presentación estratégica deseada, en oportunidad que hiciese inevitable el choque, imposible el retro– ceso y el éxito seguro y favorable. Alvarado, además, debería ''pro– curarse y transmitir" constantemente cualesquiera nuevas recogidas, relativamente a Canterac y a sus fuerzas, ora mediante el espionaje espontáneo de los habitantes de la zona, ora por conducto de los agentes y descubiertas determinadamente expedidos sobre la ruta y los acantonamientos de avance. IV El mismo 10 hacia la tarde partió el grueso divisionario de Jau– ja y detúvose descansadamente a pernoctar en Concepción. El 11, a la vez que Alvarado procedía de Huancayo hacia Izcuchaca, aquel grueso avanzó de Concepción a San Jerónimo y de San Jerónimo a Huancayo. En esta población se resolvió hacer alto, en tanto que se recifüeran las nuevas del enemigo, aguardadas de Alvarado, por cuan– to "siendo dudoso que aquél cayese rectamente a Huancavelica, o se dirigiese oblicuando hacia las faldas de Huancayo, era conveniente no anticipar un falso movimiento, que, o dejase cerrada a la división, o la expusiese a perder un lance, colocándola a gran distancia del _punto amenazado" (1). Huancayo vistió de gala y diose a la más loca alegría con la pre– sencia de sus libertadores. La sociedad entera, como un solo hombre, concurrió, en la noche de aquel mismo día ( l 1 de julio) a un esplén– dido baile, organizado en honor de los gloriosos huéspedes. Eran las diez de la noche, y la fiesta estaba en su ápice de entusiasmo y de satisfacción, cuando varios ''espías y vaquianos" llegados casi simul– ~áneamente, ora procedentes de Lima, ora de la vanguardia, ora vi– nientes del seno luchador de las guerrillas, ora despachados por Are- (1) Memorias de Arenales, ed. cit ., pág. 133 .
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