Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

170 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ II No tenía Arenales que instruir a los guerrilleros acerca de la forma en que deberían guardar, seguir y perseguir a los emigrantes españoles; porque simultáneamente viose impuesto, por ellos mis– lmos, de la patriótica brega en que a la sazón hallábanse empeñados todos, no dejaron de hostigar un instante al enemigo disputándole el camino palmo a palmo, infatigable, heroicamente. Así que, estudian– /do tan sólo el papel que en adelante y personalmente le correspon– dería, había puéstose en actividad vertiginosa desde ei 6, a fin de colocarse en situación de aguardar a los realistas; cortarles el paso; y ora forzarlos a batirse, -ya conjuntamente, ya en detall, conforme ~uesen llegando y presentándose en las altitudes de la sierra-, ora embistiéndolos en combinación eficaz con el ataque decisivo y amplio que, en concepto suyo, indudablemente habría de llevar a cabo el ge– )neral en jefe. Escogió al efecto, como punto céntrico de la zona inva– dida la ciudad de Jauja, a la cual había hecho converger todas sus tropas desde el 7, acantonándolas convenientemente. Allí estaba, pues, hacía dos días, cuando, en la noche del 9, como ya se dijo, re– cibió mayores detalles, junto con la información del éxodo realista; sabido lo cual, congregó inmediatamente a sus capitanes en una in– teresante y general junta de guerra. Considerados, en aquella reunión, todos los antecedentes y cir– cunstancias, posibilidades, efectivos y elementos, caminos, itinerarios y jornadas; contempladas, más que todo, las condiciones desfavora– bles en que necesariamente habrían de comparecer los españoles, maltraídos por la senda quebrada, glacial, rígida y despoblada de la abrupta cordillera; en pleno despeamiento de caballeras, y ateridas las tropas, hambrientas y abrumadas de cansancio; decidieron los jefes patriotas, en concierto unánime, salir incontinenti al encuentro de Canterac, cuya división era la primera que en efecto, venía, de– jando a competente distancia la mandada por La Serna; y atacar de– cididamente a los realistas, ora en el instante mismo de tramontar las serranías; ora en su descenso a Huancavelica, sobre alguno de los ásperos nudos, gargantas, quiebras o laderas, fragosas y terribles, que enmarañan, retuercen y atormentan el territorio de esa incle– mente aunque rica sección de nuestra cordillera. 111 En consecuencia, el 10 de julio muy temprano, rompió marcha la vanguardia, compuesta del regimiento de Granaderos de a caballo y

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